sábado, febrero 03, 2018

¿Se acabará el partido de la U?


Después de ganar las tres últimas presidenciales y de  tener el mayor número de curules, “la U” se encuentra hoy en cuidados intensivos por culpa de sus inconsistencias ideológicas y su falta de disciplina interna. Pero no está muerto*.Yann Basset** - Daniel López***

La máquina más exitosa

Creado en la víspera de las elecciones de 2006 para apoyar la reelección del presidente Uribe, el Partido Social de Unidad Nacional, más conocido como partido de la U, se ha mantenido hasta hoy como el partido más votado para el Senado; en la Cámara de Representantes ocupa el primer lugar desde 2010.

Aunque en su momento se pensó que este partido sería el instrumento para defender los intereses políticos de Uribe, - la letra “U” podía referirse a la palabra “Unidad” pero también y por supuesto al apellido de su jefe-, la organización nunca funcionó como un partido “presidencial” sino como una laxa federación de congresistas que abandonó sin mayores traumas a Uribe cuando éste rompió con su sucesor Juan Manuel Santos por sus diferencias acerca del proceso de paz.
La U es un partido sin mayor consistencia ideológica, constituido esencialmente de caciques regionales que movilizan sus electores sobre bases clientelistas e incentivos materiales.
El episodio dejó claro que el partido de la U no era de Uribe sino de sus congresistas, y particularmente de su poderosa bancada de senadores. La U cuenta con la mayoría de los caciques electorales más poderosos del país: en 2014 cinco de los once congresistas que lograron más de cien mil votos en las elecciones legislativas fueron de la U.

Este movimiento es lo más parecido que tenemos a lo que Maurice Duverger describió en su tiempo como un “partido de cuadros” es decir, un partido organizado alrededor de su bancada de congresistas, con muy pocas regulaciones internas y donde sus dirigentes   mantienen un amplio margen de autonomía frente al partido.

En realidad, los procedimientos de coordinación interna no van mucho más allá de presentar listas comunes para las elecciones legislativas, de manera que se aprovechen los votos para maximizar el número de curules, ajustándose a la lógica del sistema electoral que hoy se aplica en Colombia (el llamado sistema d’Hondt, que asigna los escaños de acuerdo con el número de votos por partido en orden decreciente).
Pero la U ha demostrado ser el segundo partido más indisciplinado en cuanto a su funcionamiento en el Senado (con un índice de cohesión de 0,47, justo detrás del Partido Liberal). También es el partido campeón del ausentismo en la misma cámara.

Los rasgos antes mencionados muestran que la U es un partido sin mayor consistencia ideológica, constituido esencialmente por caciques regionales que movilizan sus electores sobre bases clientelistas e incentivos materiales. Dicho de otro modo, la U ha sido la máquina electoral más exitosa de este principio de siglo.

Las dificultades para 2018

Campañas presidenciales de Juan Manuel Santos con el partido de la U.
  Foto- Facebook Juan Manuel Santos
Sin embargo, este éxito tiene sus reversos que han empezado a salir a la luz durante este segundo mandato de Santos, y hoy amenazan la preeminencia de la U:

La corrupción. Una organización tan laxa acaba por ser permisiva y permeable a intereses oscuros. Varios de los caciques más reconocidos de la U han tenido que dar un paso al costado después de ser capturados en el marco de investigaciones por corrupción.
La U pasó a tener tres “sillas vacías” en el Congreso, quedando con dieciocho curules en lugar de las veintiuna ganadas en 2014. Entre las pérdidas estuvieron sus dos senadores más votados, Musa Besaile y Bernardo Elías, capturados en medio de la investigación sobre los sobornos de Odebrecht. 

La desideologización del partido le ha restado protagonismo en el contexto de polarización que ha rodeado los acuerdos de paz. Aunque los dos congresistas más mediáticos del partido, Roy Barreras y Armando Benedetti, trataron de darle una identidad pro-paz, los congresistas del partido fueron poco activos en los debates, y a juzgar por los resultados del plebiscito, no movilizaron mucho sus bases electorales.
Si la U no tiene una orientación ideológica clara, tiene por lo menos una identidad que se deduce del hecho de haber sido siempre la principal fuerza de apoyo del oficialismo.
Este desdibujamiento del partido en la última línea recta del gobierno de Santos se debe también a que no tiene candidato fuerte que aspire a la sucesión presidencial (las opciones de Roy Barreras y Juan Carlos Pinzón fueron rápidamente descartadas, de manera que el segundo se presentó por fuera del partido).

Si la U no tiene una orientación ideológica clara, tiene por lo menos una identidad que se deduce del hecho de haber sido siempre la principal fuerza de apoyo del oficialismo, en especial cuando Santos se presentó formalmente como su candidato en las presidenciales (lo que Uribe nunca hizo).

Más allá de la naturaleza clientelar del voto de la U su propia identidad también traía votos.  Así lo muestra el hecho de que en las elecciones del Senado en 2014, más de 170 mil ciudadanos hubieran votado por la lista del partido sin indicar al candidato preferido – un número mayor de votos que los que obtuvo el candidato más votado del partido-.

La perspectiva actual de tener que apoyar un candidato de otro partido implica un período de incertidumbre para el Partido de la U, el cual ya no aparece tan “unido como debe ser” (como rezaba su eslogan) de cara a la presidencia.

En este contexto la senadora Sandra Villadiego insistió mucho en impulsar una ley que permitiera a los congresistas cambiarse de partido, lo cual ilustra bastante bien el malestar antedicho.

Aunque la iniciativa del llamado “trasfuguismo” fracasó, Villadiego y muchos otros están pensando en apoyar el candidato del Centro Democrático. Otro bando encabezado por Mauricio Lizcano se inclina hacia Vargas Lleras, y otros pocos, como Roy Barreras, miran por el lado de De la Calle y el liberalismo.

Así las cosas, el panorama para la U no resulta para nada alentador este año. Seis de sus veintiún senadores no aspiran a la reelección, entre ellos tres pesos pesados: Musa Besaile, Bernardo Elías, y Mauricio Lizcano. Estos seis suman más de 550.000 de los 2.250.000 votos que tuvo la U en 2014 para el Senado. El partido debería sufrir reveses en Córdoba, por supuesto, pero también en La Guajira, Sucre, Caldas, Cundinamarca, Antioquia, Huila y Nariño.

Al final, la U podría perder varias curules, y por primera vez perdería su estatus de primer partido en el Congreso.

Las fuerzas que quedan

Elecciones de Senado y Cámara de Representantes.
 Foto- Registraduría Nacional del Estado Civil
A pesar de los pronósticos más pesimistas el partido de la U no desaparecerá en estas elecciones porque:  
La U podría perder varias curules, y por primera vez perdería su estatus de primer partido en el Congreso.
·       Quedan congresistas muy fuertes pertenecientes a poderosos clanes políticos como José David Name y José Alfredo Gnecco en la costa Caribe, y Roosvelt Rodríguez en el Valle de Cauca.
·       Los congresistas que partirán van a dejar como herencia sus votos a unos de sus familiares (Como en el caso de Besaile), o a sus ex formulas a la Cámara (José Tous para Elías, Juan Felipe Lemos para Lizcano) que siguen jugando dentro del partido, aun si este tipo de operaciones nunca son automáticas.
·       Al partido le queda una gran cantidad de cuadros importantes en muchas regiones, quienes sin ser barones electorales muy fuertes seguirán sumando votos a las listas de la U.

A largo plazo, el porvenir del partido dependerá de su capacidad para mantenerse como la fuerza principal del oficialismo en el próximo gobierno, lo que no resulta nada fácil. El partido de la U podría alinearse virtualmente con cualquiera que gane las elecciones (aunque por supuesto, sería más difícil con Petro por ser de izquierda o con Fajardo por su discurso de renovación contra el clientelismo).  

En el pasado la capacidad de la U para obtener puestos y recursos del gobierno se basaba  en dos hechos: era la bancada más grande en el Congreso y era el partido con el cual se identificaba el presidente. Si ya no es ninguna de estas cosas después de las elecciones, podría entrar en una curva descendente muy difícil de revertir.

*En alianza con Razón Pública, el Observatorio de la Representación Política de la Universidad del Rosario propone una serie de artículos sobre el estado de las fuerzas políticas en víspera de las elecciones legislativas.  
** Profesor de la Universidad del Rosario y director del Observatorio de la Representación Política (ORP)
*** Investigador del ORP
http://www.procesoselectorales.org/
twitter: @ORPoliticaUR