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Expertos internacionales analizaron las relaciones entre violencia, democracia y paz durante el seminario del Iepri. Fotografía: Valeria Peña, Unimedios. |
agenciadenoticias.unal.- La democracia puede deteriorarse incluso desde sus propias instituciones. Un gobernante elegido puede utilizar mecanismos técnicamente legales, romper normas democráticas y restringir progresivamente derechos y espacios de participación. A esto se suman la desigualdad, el poder económico sobre las decisiones políticas y distintas formas de violencia que ya no se limitan a los conflictos armados.
Este panorama fue planteado por investigadores de las universidades de Yale y Bedfordshire, y de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres, reunidos en el Seminario Internacional “Colombia y el Mundo: Violencia, Democracia y Paz”, organizado por el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (Iepri).
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El profesor Carlos Patiño moderó el panel sobre violencia y democracia desde una perspectiva global.
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Una de las cifras que dimensiona el problema fue presentada por Elisabeth Wood, profesora de Ciencia Política de la Universidad de Yale, a partir de datos de 2025 del proyecto Variedades de la Democracia (V-Dem), elaborado por la Universidad de Gotemburgo, en Suecia. Según esta medición, casi tres cuartas partes de la población mundial viven en autocracias y solo el 7 % en democracias liberales.
Los datos muestran además que Estados Unidos perdió por primera vez en 50 años su estatus de democracia liberal y que su deterioro ha sido más rápido que el registrado en Hungría y Turquía.
La profesora Wood explicó que muchas de las herramientas utilizadas en procesos de erosión democrática pueden ser técnicamente legales y aplicadas por líderes elegidos popularmente, aunque terminen debilitando las normas sobre las que funciona una democracia. En muchos de estos procesos, agregó, también se registran actos de violencia contra la oposición política y cívica.
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James Putzel analizó la relación entre democracia, violencia y poder económico. |
La investigadora citó además un estudio según el cual una mayor desigualdad está asociada con una mayor probabilidad de erosión democrática. Sin embargo, recordó que buena parte de los episodios de la denominada tercera ola de autocratización se han revertido, como ocurrió en Polonia y Brasil.
“Estamos ante una ola mundial de erosión de la democracia muy preocupante, pero su continuidad y su propagación no son inevitables”, afirmó.
Violencia y democracia mantienen una relación histórica
El deterioro democrático no fue el único foco de la discusión. Los investigadores también cuestionaron la idea de que democracia y violencia sean necesariamente fenómenos opuestos.
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Elisabeth Wood presentó cifras sobre el retroceso de la democracia en el mundo. |
James Putzel, profesor de Estudios del Desarrollo de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres, sostuvo que “las formas democráticas de gobierno son mucho más frágiles de lo que pensaban sus teóricos liberales e institucionales”.
Recordó que las democracias nunca han sido inmunes a la violencia. “Muchas de las democracias más ricas nacieron del despojo de tierras, el genocidio y el saqueo colonial, cuyas cicatrices perduran hasta hoy”.
Uno de los ejes de su intervención fue la tensión entre democracia y capitalismo, expresada en el peso del dinero sobre los resultados electorales, la propiedad privada de los medios de comunicación y la capacidad del capital financiero para restringir decisiones democráticas a través de los mercados de bonos, dinámicas que, señaló, también están presentes en Colombia.
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Jenny Pearce abordó las múltiples expresiones de la violencia y la necesidad de comprenderlas. |
Sobre los acuerdos de paz explicó que, al igual que una constitución democrática, estos abren espacios para que las personas se organicen y reclamen sus derechos, pero sus resultados no están predeterminados. Advirtió además que la paz se vuelve precaria cuando no se atienden las causas que dieron origen a los conflictos violentos.
“Hoy, tanto en los países ricos como en los pobres, la democracia se encuentra en una situación precaria”, concluyó.
Entender las violencias para construir paz
La discusión mundial encontró un punto de conexión directo con Colombia en una investigación realizada hace casi cuatro décadas y que todavía plantea preguntas vigentes.
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El Auditorio Alfonso López Pumarejo acogió la primera jornada del seminario internacional del Iepri. |
Jenny Pearce, profesora de la Universidad de Bedfordshire, retomó “Colombia: violencia y democracia”, informe elaborado por la Comisión de Estudios sobre la Violencia del Iepri, un trabajo que contribuyó a ampliar la mirada sobre el fenómeno al mostrar que sus expresiones desbordaban la dimensión estrictamente política y que la violencia no podía atribuirse exclusivamente a los sectores pobres.
“Hay que entender la violencia para entender la no violencia. Si no entendemos la violencia para reducirla, no podemos trabajar las condiciones que la reproducen”, señaló.
Pearce, cuya primera visita a Colombia fue en 1975 y quien conoció el Iepri en 1988, dos años después de su fundación, sostuvo que la democratización también ha estado atravesada históricamente por procesos violentos, pese a que durante décadas se mantuvo la idea de que la democracia liberal reduciría por sí misma las violencias y que estas eran “un problema de pobreza y no de riqueza”.
La investigadora llamó además a ampliar la mirada más allá de las violencias letales para reconocer fenómenos como el secuestro, la desaparición y lo que denomina “violencia crónica”, aquella que se reproduce en espacios cotidianos como la casa, la calle y la escuela, e incluso desde el propio Estado.
Sobre el momento actual afirmó que “la democracia electoral ahora se combina con autoritarismo” y advirtió sobre el papel de las redes sociales en la fragmentación social. Frente a ese escenario planteó la necesidad de construir “una filosofía alternativa de la paz y una economía para la paz”.
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Clara Rocío Rodríguez Pico, directora del Iepri, destacó la vigencia de sus reflexiones tras 40 años de trabajo. |
Cuatro décadas pensando la violencia, la democracia y la paz
Las discusiones adquieren una dimensión particular en Colombia. En 2026 se cumplen diez años de la firma del Acuerdo Final de Paz y cuatro décadas de la creación del Iepri, fundado en 1986 precisamente para estudiar las causas del conflicto armado y las violencias del país. Además, la UNAL declaró 2026 como el Año de la Paz.
El seminario, realizado en el Auditorio Alfonso López Pumarejo, reúne investigadores nacionales e internacionales alrededor de las transformaciones que han experimentado la violencia, la democracia y la construcción de paz durante estas cuatro décadas.
La directora del Iepri, Clara Rocío Rodríguez Pico, señaló que “variadas formas de violencia continúan vigentes, y eso obliga a volver sobre reflexiones de hace cuarenta años. La relación de estas con la democracia está a la orden del día y se presenta en distintas latitudes”.
Para la profesora Rodríguez, estas discusiones no deberían permanecer exclusivamente en el ámbito académico, sino llegar también a los sectores político y gubernamental. Las actividades por los 40 años del Instituto continuarán hasta 2027 e incluirán, entre otras iniciativas, un número especial de la revista Análisis Político.
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El rector José Ismael Peña destacó los aportes del Iepri a la comprensión de los problemas del país. |
Durante la instalación, el rector José Ismael Peña destacó al Iepri como una de las contribuciones intelectuales de la Universidad para comprender a Colombia y su relación con el mundo.
“Hoy no celebramos solo cuatro décadas, sino una forma de hacer ciencia social rigurosa, interdisciplinaria y pública. Una ciencia que plantea preguntas complejas a problemas complejos”, afirmó.
Según el rector, el Instituto “nunca separó el rigor académico de la responsabilidad pública”. En ese escenario mencionó algunos de los desafíos que hoy complejizan la construcción de paz y la democracia, entre ellos las tensiones geopolíticas, la aceleración tecnológica, la crisis climática, las noticias falsas y las migraciones.