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Mapean focos de destructiva enfermedad de los cítricos y alertan sobre nuevas zonas en riesgo

El huanglongbing es la enfermedad más devastadora
para árboles de naranja, limón o mandarina.
Foto: archivo Unimedios.
El análisis, realizado por Alejandra Castro Susa, magíster en Ciencias Agrarias de la UNAL, reconstruyó por primera vez la expansión de la enfermedad en Colombia a partir de registros oficiales recopilados entre 2016 y 2024, y propone nuevas herramientas para fortalecer la vigilancia fitosanitaria.

En Colombia la enfermedad “greening de los cítricos” es causada por la bacteria Candidatus Liberibacter asiaticus y transmitida por Diaphorina citri, un insecto que lleva el patógeno de un árbol a otro mientras se alimenta de las plantas.

Una vez dentro del árbol, la bacteria coloniza el floema (tejido que transporta los nutrientes hacia toda la planta) obstruyéndolo progresivamente como si bloquearan lentamente los canales de abastecimiento. 
Las hojas se comienzan a amarillear, los frutos se deforman y producen sabores amargos, las ramas se secan, y finalmente el árbol muere.
Uno de los mayores problemas es que los síntomas pueden tardar desde varios meses hasta más de un año en aparecer según el tipo de cítrico y las condiciones de cultivo. Durante ese tiempo las plantas infectadas actúan como reservorios de la bacteria sin que los productores lo noten, mientras el insecto se alimenta de ellas y dispersa el patógeno a los árboles sanos.

“Cuando se detectó la bacteria en Colombia hubo mucho miedo porque el insecto transmisor ya estaba presente en muchos departamentos del país”, señala la investigadora Castro.

Uno de los mayores problemas es que los síntomas pueden
tardar en  aparecer desde varios meses hasta más de un año.
Foto: Joe Raedle / Getty Images North America / AFP
Explica además que, a partir de la vigilancia oficial realizada por el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), el insecto se reportó por primera vez en 2008 en Tolima, y la bacteria se confirmó oficialmente en La Guajira en 2016, y desde entonces el programa de vigilancia en cultivos y viveros se intensificó de manera sostenida.

“La enfermedad se puede confundir fácilmente con deficiencias nutricionales o alteraciones fisiológicas de la planta, por eso el diagnóstico debe ser muy riguroso. La dificultad para detectarla fue una de las razones por las que existía tanta preocupación en el país, especialmente después de lo ocurrido en Brasil, en donde el HLB llegó en 2004 y arrasó con millones de árboles”, señala la experta.

Su estudio, dirigido por los profesores María Fernanda Niño y Joaquín Guillermo Ramírez Gil, buscó entender por qué Colombia no ha vivido todavía una crisis de la magnitud registrada en otros países. “En Florida, en menos de 5 años ya tenían cerca del 80 % de las plantaciones afectadas”, menciona la magíster.

Un enemigo silencioso

Para responder a esa pregunta, la investigadora Castro analizó los registros oficiales de vigilancia del ICA recopilados entre 2015 y 2024, los cuales incluyen reportes de laboratorio, ubicación de plantas infectadas, presencia del insecto vector, y datos de monitoreo fitosanitario complementados con variables climáticas y ambientales.

Departamentos como La Guajira, Atlántico y Magdalena son los
más afectados por esta enfermedad de los árboles cítricos.
Foto: archivo Unimedios.
Con toda esa información, la magíster Castro aplicó dos herramientas analíticas complementarias: MaxEnt, un modelo de distribución de especies que estima las zonas del país que reúnen las condiciones climáticas y ambientales favorables para la bacteria y el insecto; y SaTScan, un programa estadístico que identifica en qué momento y lugar se encontraron casos positivos significativos, revelando patrones de expansión que la vigilancia no siempre permite detectar.

Los análisis permitieron construir por primera vez una caracterización espacial y temporal del HLB en Colombia, la cual combina la distribución observada con el riesgo potencial.

Los modelos indican que prácticamente todo el país tiene condiciones aptas para albergar al insecto vector, que según los registros oficiales actualmente ya está confirmado en 27 departamentos, y en menor medida para la bacteria que se sigue concentrando especialmente en la costa Caribe.

Según el estudio, La Guajira sigue siendo uno de los departamentos históricamente más afectados desde el primer reporte oficial, mientras que Atlántico presenta hoy una de las mayores concentraciones de casos positivos. Magdalena, Cesar, Bolívar, Sucre y Córdoba conforman además una zona de expansión en la región Caribe.

“En el Caribe, la dirección predominante de los vientos favorece el desplazamiento del insecto entre cultivos. Algo similar se ha documentado en varias regiones, en donde eventos climáticos como los huracanes han acelerado la dispersión de la enfermedad”, explica.

La investigación usó modelos especializados para mapear
y rastrear los focos de la enfermedad en el país.
Foto: Gianrigo Marletta / AFP.
Fuera de la región Caribe los patrones de dispersión son diferentes. Mientras en Norte de Santander la expansión parece estar asociada principalmente con el transporte de material vegetal infectado, en Antioquia los casos se concentran en árboles ornamentales del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, lo que evidencia que el problema trasciende los cultivos comerciales.

“Los árboles sembrados en traspatios, jardines, separadores viales o cercas vivas también pueden funcionar como reservorios de la bacteria y del insecto cuando están infectados, lo que convierte el manejo del HLB en un reto colectivo que involucra no solo a los productores, sino también a los ciudadanos y las autoridades locales”, señala la experta.

Retos importantes

Actualmente no existe una cura efectiva contra la bacteria, porque el microorganismo se aloja en el floema de las plantas y no hay tratamientos capaces de eliminarlo completamente. Por eso las estrategias se concentran en prevenir nuevas introducciones y manejar las poblaciones del insecto vector mediante insecticidas o enemigos naturales como Tamarixia radiata, una pequeña avispa parasitoide que ataca las formas juveniles del insecto vector.

Regiones como Caldas, Risaralda, Quindío y Valle del Cauca
deben fortalecer la vigilancia y prevención.
Foto: archivo Unimedios.
Los resultados indican que departamentos como Caldas, Risaralda, Quindío, Valle del Cauca, Tolima y Huila deberían fortalecer desde ahora las medidas de vigilancia y prevención. Allí el principal riesgo proviene del movimiento de material vegetal infectado entre regiones, una situación que facilitaría una expansión más rápida de la enfermedad si se llega a establecer en estas zonas productoras.

Según la investigadora, la mayor continuidad de los cultivos en estas regiones favorecería una dispersión más acelerada que la observada hasta ahora en la costa Caribe, en donde la fragmentación del paisaje ha actuado como una barrera natural.

Estos resultados le ofrecen al ICA evidencia científica e insumos técnicos concretos para priorizar geográficamente sus recursos de inspección y orientar su estrategia de vigilancia hacia un enfoque basado en riesgo, con el fin de evitar que Colombia enfrente una crisis similar a la que ya vivieron otros países productores de cítricos.

Oportunidades de inversión y exploración sobre minerales estratégicos para la producción de fertilizantes

Agencia Nacional de Minería impulsa la Ronda Minera de Fosfatos en Boyacá para fortalecer la seguridad alimentaria
La Agencia Nacional de Minería (ANM) incorporó tres nuevos bloques a la Ronda Minera de Fosfatos, en Ramiriquí, Ciénega y Turmequé (Boyacá), con el fin de fortalecer las políticas del Gobierno nacional orientadas a impulsar la seguridad alimentaria y el desarrollo de la industria de fertilizantes en el país.

Con esta nueva oferta, la Ronda Minera de Fosfatos amplía las oportunidades de inversión y exploración sobre uno de los minerales estratégicos para el fortalecimiento del sector agropecuario colombiano, al tiempo que consolida una minería con propósito, orientada a generar valor para el desarrollo productivo del país.

La inclusión de estos nuevos bloques responde al alto potencial geológico que presenta Boyacá para la producción de roca fosfórica, mineral fundamental para la fabricación de fertilizantes.

Solo en 2025 esta actividad registró un crecimiento superior al 34 %, alcanzando una producción de más de 26 mil toneladas de roca fosfórica. A ello se suma la importancia de Boyacá como despensa agrícola de Colombia.

Según cifras de 2025, dados a conocer por la ANM, la actividad agropecuaria aporta cerca del 11 % del Producto Interno Bruto de Boyacá, lo que evidencia el potencial de articular la producción de fosfatos con el fortalecimiento de las cadenas agrícolas y la industria nacional de fertilizantes.

Los fosfatos son materia prima esencial para los abonos agrícolas.

Además, reducen la dependencia de fertilizantes importados.

Contribuyen a protegen al sector agropecuario de crisis internacionales en la producción de fertilizantes.

Judicatura respaldó el mensaje de Urgencia del Gobierno nacional para que el Congreso apruebe la Jurisdicción Agraria

El pasado 4 de mayo, los ministros de Agricultura y Justicia radicaron mensaje de insistencia para que avance la discusión del proyecto de Jurisdicción Agraria y Rural.​
El Consejo Superior de la Judicatura se unió al llamado de insistencia que formuló el Gobierno de las Oportunidades para que el Congreso de la República apruebe, antes de que termine la actual legislatura el 20 de junio, el proyecto de ley ordinaria de Jurisdicción Agraria.

La semana pasada los ministros de Agricultura, Martha Carvajalino, y de Justicia, Jorge Iván Cuervo, radicaron su insistencia al mensaje de Urgencia que fue radicado en octubre de 2024, para la aprobación del proyecto de ley.

Ahora la Judicatura, durante el Primer Encuentro de la Jurisdicción Agraria y Rural que se realizó en Villa de Leyva (Boyacá), se sumó a la petición del Gobierno del presidente Petro.

“Aquí se está discutiendo competencia material, delimitación del litigio, articulación con otras jurisdicciones, procedimientos, criterios de análisis y método judicial. En otras palabras, se discute cómo una jurisdicción deja de ser diseño normativo y empieza a convertirse en práctica institucional efectiva”, explicó la magistrada Mary Lucero Novoa, presidenta de la corporación.

La magistrada Claudia Expósito, vicepresidenta del alto tribunal y coordinadora de los asuntos de la Jurisdicción Agraria y Rural, aseguró que se avanza en el diseño de un mapa judicial que responda a las necesidades de los territorios.

“La justicia agraria requiere entender que las necesidades de justicia varían entre territorios y exigen incorporar enfoques territoriales y diferenciales”, sostuvo.

En el evento participó la ministra Carvajalino, quien manifestó que, si el Congreso de la República no aprueba la ley ordinaria de la Jurisdicción Agraria y Rural, el Gobierno nacional volverá a presentarla el 20 de julio de 2026.
“Los campesinos no solo tienen derecho a la tierra. También tienen derecho a las semillas, al agua, a permanecer en sus territorios y a proteger su identidad cultural, política y económica. De ahí la importancia de tener esta ley”, dijo la ministra de Agricultura.
En qué va el proyecto

El proyecto de Jurisdicción Agraria y Rural fue presentado por el Gobierno en agosto de 2024, y en octubre de ese año fue radicado el mensaje de Urgencia. Antes de terminar ese año fue aprobado en primer debate en comisiones conjuntas.

Pero desde entonces no han surtido nuevas discusiones en plenarias de Cámara y Senado.

La iniciativa busca cumplir la meta establecida en el Acuerdo de Paz de 2016 de formalizar siete millones de hectáreas de tierras y la redistribución de otros tres millones de hectáreas.

La Jurisdicción Agraria y Rural es una pieza vital para la Reforma Agraria y la Reforma Rural Integral, pilares del Gobierno de las Oportunidades para la implementación del Acuerdo de Paz.

El ICA impulsa modelos productivos sostenibles en cultivos del Atlántico

Participantes en la jornada.
Sabanalarga, Atlántico, 4 de mayo de 2026. El Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), desarrolló jornadas de socialización de la estrategia de extensión fitosanitaria, caracterización comunitaria y construcción participativa de planes de trabajo con comunidades rurales de los municipios de Piojó y Sabanalarga.

En articulación con la Agencia Nacional de Tierras (ANT), la estrategia Somos Tierra y el SENA, estas actividades permitieron identificar problemáticas y definir líneas de trabajo conjunto con las comunidades.

Las actividades se llevaron a cabo en la vereda Agua Viva, en Piojó, y en la vereda Antón Zona 1, en Sabanalarga, con la participación de 30 productores pertenecientes a tres comunidades rurales organizadas: ASOEMOS, FUNACAS y ASICENDE.

El objetivo de estas jornadas fue fortalecer la articulación con las comunidades rurales mediante la socialización de la estrategia de extensión, la caracterización de sus condiciones productivas en sanidad vegetal y la construcción conjunta de un plan de trabajo acorde con sus necesidades.

Asimismo, durante las jornadas se adelantó la caracterización de los territorios, identificando cultivos clave como plátano, yuca, maíz, cacao y banano, así como problemáticas fitosanitarias asociadas al manejo de semillas y prácticas culturales. A través de recorridos en campo y ejercicios participativos, se priorizaron acciones para el fortalecimiento técnico de los productores.

Las comunidades, organizadas en asociaciones, manifestaron su interés en avanzar hacia modelos de producción agroecológica, fortaleciendo el manejo integrado de plagas y generando valor agregado a sus productos. En total, se realizaron dos momentos en territorio, permitiendo acercar aún más los servicios del ICA a comunidades rurales y así avanzar en la planificación de acciones concretas que fortalezcan la productividad agrícola en el departamento del Atlántico.

Con estas acciones, el ICA ratifica su compromiso con el acompañamiento técnico a los productores y el desarrollo sostenible del campo colombiano.

Puracé se transforma: el ICA y la FAO consolidan un frente unido por la sanidad y la soberanía económica

En las altas tierras de la vereda La Chiliglo, donde el frío recorre la montaña y la vida campesina resiste con dignidad, se tejió una jornada que une conocimiento, institucionalidad y comunidad. El Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) llevaron a cabo un encuentro integral para fortalecer la sanidad animal, la resiliencia productiva y la soberanía económica de las familias de Puracé.La actividad se desarrolló en el predio Campo Alegre y Glamping Silvia, en la vereda Usenda del municipio de Silvia, con la participación de 14 productores campesinos, dos funcionarios del ICA y dos representantes de la FAO. Este espacio permitió el intercambio directo de saberes técnicos y experiencias locales, en un ejercicio que reconoce el valor del territorio y la organización comunitaria.

Durante la jornada, el ICA reafirmó su papel como autoridad sanitaria y aliado del desarrollo rural, acercando herramientas clave para la protección del patrimonio agropecuario nacional. Los productores conocieron la importancia del Registro Sanitario de Predio Pecuario como puerta de entrada a la formalización, así como el uso de las Guías Sanitarias de Movilización Interna para asegurar la trazabilidad de los animales y proteger el estatus sanitario regional.

El encuentro también fortaleció la vigilancia epidemiológica desde la comunidad, mediante la socialización de rutas de detección temprana y notificación de enfermedades de control oficial. A esto se sumó la promoción de las Buenas Prácticas Ganaderas, entendidas como un compromiso con la calidad, la inocuidad y el acceso a mercados formales.

Por su parte, la FAO aportó un componente clave para la sostenibilidad de los sistemas productivos, a través de talleres prácticos sobre el uso de biopreparados. Estas alternativas orgánicas ofrecen soluciones para el control biológico y fúngico en policultivos, reducen costos de producción y fortalecen la resiliencia de los cultivos frente a condiciones adversas.

La jornada incluyó además un componente organizativo fundamental: la creación de un fondo rotatorio comunitario. Este mecanismo permitirá a los habitantes de La Chiliglo gestionar recursos propios para financiar insumos y proyectos productivos, consolidando un modelo de autonomía y sostenibilidad a largo plazo.

“Cuando la institucionalidad llega al territorio con herramientas claras y escucha activa, se construyen caminos reales hacia la transformación productiva”, destacó Carlos Felipe Castillo, líder de la estrategia de extensión zoosanitaria del ICA y responsable de la jornada.

Con este tipo de acciones, el ICA ratifica su compromiso con el fortalecimiento del campo colombiano, llevando conocimiento, legalidad y acompañamiento técnico a las comunidades que sostienen la producción agropecuaria del país. En cada predio formalizado, en cada práctica sanitaria adoptada y en cada alianza construida, se protege la vida, la economía rural y el futuro del agro colombiano.

Zanahorias descartadas por su forma y aspecto tienen más antioxidantes que las “normales”

Sin importar su forma o tamaño, la zanahoria tiene una
gran capacidad antioxidante.
Foto: Jaison Martínez, magíster en Ciencia y Tecnología de
Alimentos de la UNAL Sede Medellín.
agenciadenoticias.unal.La zanahoria (Daucus carota), cuyo nombre proviene del árabe safunnārya, es un cultivo tradicional y muy apetecido en el país. Su consumo se asocia con la salud visual y el fortalecimiento del sistema inmune, y según la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA) en 2025 Antioquia, Boyacá, Cundinamarca y Nariño concentraban hasta el 98 % de las áreas sembradas con esta hortaliza de raíz comestible.

En laboratorio, las zanahorias pasaron por
procesos de análisis de su composición
química y potencial antioxidante.
Foto: Jaison Martínez, magíster en Ciencia
y Tecnología de Alimentos de la UNAL
Sede Medellín.
Con más de 200.000 toneladas en 2024, el municipio de El Santuario registra la mayor producción de zanahoria en Colombia. Por su vocación agrícola este territorio ubicado a 56 km de Medellín es conocido como la “legumbrería de Antioquia”, y de este oficio dependen cerca de 40.000 habitantes. Limita con Marinilla, municipio apodado “la Esparta colombiana” por su papel en las guerras de independencia.

Hasta allí llegó el investigador Jaison Martínez Saldarriaga, magíster en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la UNAL Sede Medellín, con una pregunta: ¿realmente las zanahorias deformes, rajadas o manchadas dejan de ser útiles luego de la cosecha?

Del dicho al hecho…

Para responderla, realizó 40 muestreos en fincas de Marinilla y El Santuario, en donde recolectó cerca de 5 kg de zanahorias por cada tipo: comerciales (las que se venden) y no comerciales, las cuales se clasifican en cuatro grupos: fuera de tamaño estándar (menos de 10 cm o más de 25 cm), deformes, rajadas y con daño patológico superficial como manchas negras, es decir afectadas externamente por hongos o bacterias, que en el caso de la zanahoria suelen ser Alternaria dauci y Cercospora carotae.

Dentro de los grupos estudiados había zanahorias
con deformaciones marcadas y manchas.
Foto: Jaison Martínez, magíster en Ciencia y
Tecnología de Alimentos de la UNAL Sede Medellín.
“Muchas de estas zanahorias no están dañadas internamente, sino que simplemente no cumplen con criterios estéticos o de uniformidad exigidos por el mercado, pero tras procesos adecuados de limpieza y cocción pueden ser aptas para el consumo humano”.

“En las plazas de mercado de estos municipios suelen venderse bultos de zanahoria con imperfecciones por tan solo 10.000 o 15.000 pesos, mientras que el bulto de las ‘normales’ pueden costar hasta 110.000 pesos, aunque ambas contienen los mismos antioxidantes y alto valor agregado”, señala el magíster, quien también colabora con Agrosavia.

Para comprobar si las zanahorias “imperfectas” eran realmente menos nutritivas, el magíster las llevó al laboratorio, y lo que hizo en esencia es algo similar a “exprimirlas” químicamente para ver qué contenían. Para ello evaluó su capacidad antioxidante, es decir qué tan bien pueden neutralizar radicales libres, que son moléculas inestables asociadas con el envejecimiento celular y con diversas enfermedades.

En Antioquia se pierde alrededor del 30 % de la
cosecha de zanahoria porque se descarta material
que no es “normal”.
Foto: Jaison Martínez, magíster en Ciencia y
Tecnología de Alimentos de la UNAL Sede Medellín.
Primero las lavó, peló y trituró hasta obtener una mezcla homogénea, y luego utilizó agua y alcohol para extraer sus compuestos activos, separándolos del resto del tejido vegetal. Después filtró ese extracto y lo probó frente a radicales libres en condiciones de laboratorio.

Allí empleó ensayos que funcionan como termómetros de la capacidad antioxidante: cuanto más alto es el resultado, mayor es la capacidad de protección, y estos cambios se evidencian con alteraciones del color de las muestras, que pasan de tonos amarillos o claros a azul intenso. Además midió los fenoles totales, compuestos naturales que indican la cantidad de sustancias antioxidantes presentes en cada muestra.

Un potencial inesperado

Los resultados rompen con la intuición de los consumidores: las zanahorias descartadas —especialmente las rajadas o con manchas superficiales— no solo igualan a las comerciales, sino que además las superan en algunos casos. Algunas muestras incluso duplicaron su capacidad antioxidante en laboratorio. En otras palabras, las zanahorias menos bonitas para el consumidor pueden ser igual o más beneficiosas desde el punto de vista nutricional.

En supermercados y plazas de mercado han sido determinantes
el tamaño y la forma de la zanahoria para que el consumidor
la compre. Foto: archivo Unimedios.
La explicación estaría en la respuesta de la planta al estrés, pues cuando una zanahoria crece en condiciones adversas, como cambios ambientales, deformaciones o ataques de microorganismos, activa mecanismos de defensa y produce más compuestos protectores. Esos compuestos son, precisamente, los antioxidantes.

El análisis identificó cerca de 90 compuestos en total, entre ellos flavonoides y otros metabolitos asociados con efectos antioxidantes y antiinflamatorios.

Se destacan compuestos como el 4-metoxiflavonol y la nuciferina, asociados en la literatura científica con propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y antibacterianas, e incluso con potencial anticancerígeno. Esto sugiere que estas zanahorias, lejos de ser un desecho, se podrían convertir en una materia prima valiosa para industrias como la alimentaria, la cosmética o la farmacéutica.

Sin embargo, hoy la mayoría termina como alimento para ganado, abono, o simplemente se pierde en el campo, lo que reduce los ingresos de los productores y se desaprovechan recursos valiosos.

Jaison Martínez Saldarriaga, magíster en Ciencia y Tecnología
de Alimentos de la UNAL Sede Medellín. Foto: Jaison Martínez,
magíster en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la UNAL
Sede Medellín.
 “El problema no es que estas zanahorias sean de mala calidad, sino que no cumplen con una expectativa visual, pero si se aprovechan adecuadamente pueden ser una oportunidad para reducir pérdidas y generar nuevos productos con valor agregado”, concluye el magíster.

Para más información puede consultar los siguientes dos artículos científicos realizados a partir de la investigación: https://www.cell.com/heliyon/fulltext/S2405-8440(25)00202-6?_returnURL=https%3A%2F%2Flinkinghub.elsevier.com%2Fretrieve%2Fpii%2FS2405844025002026%3Fshowall%3Dtrue

Bono de venta, para evitar el robo de ganado

SINIGAN v6: una transición para fortalecer la trazabilidad y proteger al ganadero.

En términos sencillos, es una herramienta que ayuda a que cada movimiento de animales que se acompañe con un cambio de propiedad quede debidamente registrado, lo que protege al productor, da mayor transparencia al mercado y dificulta prácticas ilegales como el robo de ganado.

Con la próxima puesta en marcha de la versión 6 de SINIGAN (enero 15), el sistema nacional de identificación, información y trazabilidad animal da un paso importante para seguir fortaleciendo el control sanitario, la trazabilidad del ganado y la lucha contra el abigeato en Colombia.

Uno de los aspectos que se fortalecerá de manera estructural en esta nueva versión es el Bono de Venta. Es importante aclarar que este bono no es una figura nueva, fue creado a partir de la expedición de la Resolución 00071 de 2007, “Por la cual se determinan las condiciones y forma de expedición del Bono de venta”, y posteriormente con el Decreto 1071 de 2015, “Por medio del cual se expide el Decreto Único Reglamentario del Sector Administrativo Agropecuario, Pesquero y de Desarrollo Rural”. Sin embargo, su cobro no se venía aplicando de forma constante o efectiva en los procesos habituales.

El Bono de Venta es un soporte asociado a los procesos de movilización y comercialización de animales dentro de SINIGAN, el cual aplica únicamente cuando se presenta cambio de propiedad de animales. Su finalidad es respaldar la trazabilidad mediante la propiedad animal, dejando un registro claro de las transacciones y contribuir a un mayor control sobre el origen y destino del ganado.

Con la versión 6, el Bono de Venta y el cobro del mismo quedarán integrados en los procesos del sistema. Esto significa que el aplicativo estará preparado para gestionarlo en los casos donde aplique; es decir, donde haya cambio de propiedad de los animales, evitando vacíos o inconsistencias en la información.

No obstante, es clave transmitir tranquilidad al sector: inicialmente no se aplicara el cobro del Bono de Venta. Con el fin de evitar traumatismos al sector ganadero, se dará un periodo de transición mientras se estabiliza esta nueva versión, y los usuarios podrán familiarizarse con el nuevo funcionamiento del sistema. Solo después de esta etapa de ajuste se iniciará el cobro, de forma organizada y comunicada oportunamente.

Esta transición no busca generar cargas innecesarias, sino fortalecer la trazabilidad animal, mejorar la seguridad en las transacciones y aportar a la lucha contra el abigeato, un problema que afecta directamente a los pequeños y medianos productores.

El fortalecimiento de SINIGÁN va en línea con los lineamientos del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) para contar con información confiable, proteger el estatus sanitario del país y respaldar el trabajo diario de los ganaderos y campesinos.

Los invitamos a visualizar esta actualización como una herramienta de apoyo al productor, pensada para dar mayor orden, seguridad y confianza al sistema de información del sector ganadero colombiano.

Finalmente hacemos un llamado a todo el sector ganadero del país a realizar el proceso de registro y validación de identidad en SINIGAN 6, ya que el plazo definido es hasta el 15 de enero; y después de esta fecha quienes no se hayan registrado no podrán realizar la actualización de predios e inventarios, y tampoco podrán expedir guías de movilización u otros servicios con el ICA.

Gobierno defiende en la Cámara la Jurisdicción Agraria: 'Es la mayor promesa de justicia para el campesinado en 100 años'

Foto: Ministerio de Agricultura
La ministra de Agricultura, Martha Carvajalino, explicó este jueves ante la Cámara de Representantes la propuesta del Gobierno del Cambio que busca consolidar una justicia agraria robusta y que atienda los propósitos del régimen agrario colombiano.

A 89 días y 38 sesiones para discutir la jurisdicción agraria en su último paso, la ministra Carvajalino atendió la solicitud que hicieron representantes a la Cámara para hablar sobre el acuerdo del artículo 9 de este proyecto de ley, que ya logró consensos en los debates de las comisiones primeras de Cámara y Senado.

La jurisdicción agraria resolverá los conflictos sobre el uso y la tenencia de la tierra, sobre posesión de predios, servidumbres, ocupaciones de hecho, contratos agrarios, recursos comunales, y actuaciones de la Agencia Nacional de Tierras.

Al respecto, la jefe de la cartera de Agricultura dijo que este proyecto “le lleva la justicia, los jueces y magistrados al campo colombiano para resolver los conflictos agrarios. De no discutirse en este periodo legislativo, veremos entonces cómo se archiva por falta de discusión la promesa más grande que hemos tenido frente al campesinado: devolverle una justicia que está peleando desde hace 100 años".

La ministra Carvajalino también hizo un llamado a que se logre, en el marco de las diferencias, encontrar los acuerdos que permitan construir esta justicia, y reiteró la necesidad no negarle a campesinos y campesinas de Colombia, así como a productores grandes, pequeños y medianos, y a quienes trabajan el campo colombiano, la posibilidad de tener justicia.

Bacteria colombiana ayudaría a las rosas a “sacarse la espinita” de hongo dañino

Ahora las rosas tienen un defensor natural que las protege de hongos que dañan sus pétalos.
Foto: Archivo Unimedios

Agencia UNAL.- El hongo gris –que aparece como una mancha que avanza rápidamente sobre los pétalos– es uno de los mayores dolores de cabeza para las fincas floricultoras. Puede afectar la planta en cualquier etapa, y si encuentra condiciones de humedad se puede activar después de permanecer latente, lo que hace que su control sea especialmente difícil.

Ante este panorama, la investigadora Laura Marcela Boyacá Olaya, magíster en Microbiología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), decidió probar una alternativa biológica: una bacteria con potencial para frenar este patógeno según estudios previos del Grupo de Microbiología Agrícola del Instituto de Biotecnología de la UNAL (IBUN).

Para ello retomó 4 cepas candidatas evaluadas en un proyecto anterior y las comparó nuevamente para escoger la más efectiva. La ganadora: Bacillus velezensis, es una bacteria que mostró buena capacidad de sobrevivir, crecer con estabilidad y detener el avance del hongo tanto en laboratorio como en pétalos de rosa reales.

El mercado de las rosas colombianas es muy apetecido en otros
países en ocasiones especiales como San Valentín.
Foto: Archivo Unimedios
Para comprobar su desempeño, primero la enfrentó directamente al hongo en placas de laboratorio. Luego, para acercarse a una situación más realista, aplicó la bacteria sobre pétalos de rosa sin fungicidas –de una empresa floricultora en Chía– y los expuso al patógeno. Los pétalos tratados se infectaron menos, lo que confirmó que esta bacteria es una aliada funcional y no solo una posibilidad teórica.

“Buscábamos la que mostrara la menor tasa de infección, y esta fue la que mejor respondió”, explica la investigadora.

Un mundo micro para una solución macro

Después de confirmar el potencial de la bacteria, el siguiente reto de la investigadora fue saber si esta se podía producir en grandes cantidades sin que el proceso se volviera inviable para una empresa. Para ello probó 3 formas de “alimentarla” y eligió la que permitía un crecimiento más fuerte y un mejor efecto contra el hongo. Luego estudió 4 factores cruciales –como los nutrientes y ciertas condiciones de cultivo– para encontrar la combinación que permitiera obtener más bacterias sin que perdieran su capacidad protectora.

Los pétalos de las rosas se ven afectados por la enfermedad
y terminan marchitándose.

Foto: Archivo Unimedios
Las dietas fueron: un medio de cultivo rico en nutrientes y muy usado para que las bacterias crezcan rápido; otro empleado ampliamente en microbiología agrícola por su equilibrio entre nutrientes y estabilidad; y un medio más simple y económico con componentes mínimos. Mientras los primeros dos son “menús” completos que favorecen un crecimiento abundante, el último es más básico y está pensado para reducir costos. Al evaluarlos, la magíster escogió el que le permitió a la bacteria crecer con mayor estabilidad y mantener su capacidad de frenar al hongo sin encarecer el proceso.

Con las condiciones adecuadas, es decir el medio de cultivo rico en nutrientes, la bacteria alcanzó recuentos muy altos a las 120 horas: más de 300.000 millones de células y cerca de 10.000 millones de esporas por cada mililitro de cultivo, eso sin perder su capacidad de reducir más del 50 % del daño causado por el hongo.

El experimento se realizó en pequeñas placas de laboratorio
para ver cómo interactuaba la bacteria con el hongo.
Foto: María Fernanda Londoño, Unimedios

El estudio también mostró que la bacteria puede crecer bien aunque se usen menos cantidades de los ingredientes que normalmente se necesitan para alimentarla, lo que bajaría los costos de producción. Además, la parte activa, es decir el líquido donde están las sustancias que frenan al hongo (surfactina, iturina y fengicina), funcionó incluso mejor cuando se diluyó en agua, señal de que un futuro producto rendiría más y resultaría más económico para los floricultores.

Si esta alternativa se implementara el sector tendría varios beneficios, entre ellos reducir el uso de fungicidas sintéticos, lo que disminuiría la resistencia del hongo y los costos de producción. Y aunque el estudio no evaluó si la bacteria tiene efectos sobre el crecimiento de la planta, sí se sabe que en otros cultivos especies similares han mostrado beneficios adicionales.

El uso excesivo de fungicidas termina afectando tanto a las rosas como a quienes las cultivan. En las plantas puede quemar hojas y tejidos, alterar la vida del suelo al eliminar microorganismos útiles y volver más resistentes a los hongos que se quieren controlar. Para los trabajadores, la exposición repetida –por contacto, inhalación o incluso ingestión accidental– puede causar irritaciones, problemas respiratorios y efectos tóxicos con el tiempo. Por eso reducir la dependencia de estos productos se ha vuelto una necesidad urgente en la floricultura.

Este desarrollo ayudaría a que los floricultores usen menos
fungicidas en sus cultivos.
Foto: Archivo Unimedios
La investigadora es clara en señalar que el producto aún no está finalizado. Faltan pruebas en campo con más flores, estudios de estabilidad, validación en diferentes variedades y evaluación sobre cuánto dura su efecto una vez formulado. Sin embargo el camino está bien trazado, pues demostró que la bacteria controla el hongo, se puede producir en grandes cantidades y tiene características que facilitarían un proceso de fabricación sostenible.

El trabajo fue dirigido por los profesores Daniel Vélez y Luis Miguel Serrano, ambos de la UNAL.

Con 56.215 toneladas en 2023, Colombia ocupó el segundo lugar como mayor exportador mundial de flores y el cuarto de rosas de corte. Por eso contar con una solución natural, económica y eficaz marcaría una diferencia importante en la floricultura del país. Este hallazgo no solo apunta a un cultivo más sano, sino también a un sector más competitivo y sostenible.

Comunidades indígenas del Cauca fortalecen conocimientos en semillas de maíz nativas y criollas.

Participantes en la jornada.
Como parte del trabajo de la Subgerencia de Protección Vegetal y la Dirección Técnica de Semillas del ICA, la Seccional Cauca, dio inicio a los talleres de capacitación sobre el muestreo de semilla y material vegetal de maíces nativos y criollos. Esta actividad fue desarrollada en cumplimiento de la Sentencia T-247 de 2023 y en concordancia con los acuerdos establecidos el 19 de junio del presente año entre el ICA y las comunidades indígenas, entre ellas el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC).

Este espacio permitió realizar muestreo mediante tirillas reactivas y la toma de muestras para análisis en laboratorio, herramientas que permiten generar alertas tempranas y adoptar medidas oportunas orientadas a la protección y conservación de estas semillas.

Este primer espació tuvo lugar en Río Blanco, Sotará y Cauca, y contó con la participación de 35 asistentes, de los cuales 30 son del pueblo indígena Yanacona, procedentes de los resguardos Guachicono, Caquiona, Rioblanco, San Juan y San Sebastián.

Realizar estos encuentros en esta región del Pacifico, suma gran importancia para la conservación y protección de las semillas nativas y criollas de maíz, porque fortalece las capacidades locales en el uso de herramientas de detección de elementos transgénicos, contribuyendo así a prevenir su ingreso a los resguardos y a mantener la integridad genética de las variedades tradicionales.

La tarea es llevar acompañamiento técnico a todo el territorio nacional, cumplirle a la reforma agraria, construir confianza entre los productores y la institucionalidad y permitir que el conocimiento profesional converse con los saberes ancestrales en favor de quienes habitan el campo y lo producen.

Alimentos para la Vida. Programa para la Seguridad Alimentaria

​​​Mauricio Rodríguez ​Amaya, director de Prosperidad Social
Prosperidad Social inició este viernes la entrega del programa Alimentos para la Vida, estrategia del Gobierno nacional que busca fortalecer la seguridad alimentaria de los hogares más vulnerables del país, al tiempo que apoya a los pequeños productores del campo.

La primera fase de distribución arrancó con la entrega de 311 toneladas de papa a 24.480 hogares en nueve municipios del país. En total, el Ministerio de Agricultura destinó a Prosperidad Social 3.447 toneladas de papa, avaluadas en 4.612 millones de pesos, para que la entidad adelante la focalización, logística y distribución en 80 municipios de Atlántico, Bogotá, Bolívar, Cesar, La Guajira, Magdalena, Santander, Quindío y Valle del Cauca.

El programa beneficia a 275.823 hogares en condición de pobreza, pobreza extrema y vulnerabilidad, priorizados por su situación socioeconómica.

“Por primera vez un gobierno nacional está comprando a productores sus excedentes para llevar alimentos a los más vulnerables. Con esta entrega iniciamos una estrategia solidaria que conecta el trabajo del campo colombiano con los hogares que más lo necesitan. Cada tonelada de papa es fruto del esfuerzo de nuestros campesinos y del compromiso del Gobierno del presidente Petro con la inclusión social y la seguridad alimentaria", señaló Mauricio Rodríguez Amaya, director de Prosperidad Social.

Las primeras entregas se están realizando a través de cuatro gerencias regionales de Prosperidad Social:
Valle del Cauca: Yumbo, Jamundí y Tuluá.
La Guajira: Dibulla y Riohacha.
Magdalena Medio: Barrancabermeja y Puerto Wilches.
Magdalena: Algarrobo y Aracataca.

Esta acción conjunta entre Prosperidad Social y el Ministerio de Agricultura evidencia la apuesta por un modelo agroalimentario sostenible y justo, que dignifica el trabajo campesino y promueve una distribución equitativa de los alimentos en el territorio nacional.

Alimentos para la Vida es además un complemento del programa de Apoyo para el Manejo de Excedentes Estacionales de Pequeños Productores, liderado por el Ministerio de Agricultura, que permite canalizar los excedentes agrícolas hacia familias en situación de inseguridad alimentaria.

Con esta estrategia el Gobierno Nacional reafirma su compromiso con la lucha contra el hambre, la reactivación del campo y la reducción de las desigualdades sociales, bajo un enfoque de solidaridad y economía popular.

MinAgricultura declara dos nuevas Áreas de Protección para la Producción de Alimentos en Antioquia

Potenciar el desarrollo agropecuario, económico y social del campesinado
Mediante la Resolución 330 de 2025, el Gobierno declaró dos nuevas Áreas de Protección para la Producción de Alimentos (APPA) en los municipios de Venecia y Fredonia, en el suroeste antioqueño.

En Fredonia fue declarada un área correspondiente a 11.381,09 hectáreas, las cuales representan el 44,80% de la superficie total del municipio. En Venecia, por su parte, se identificó un total de 3.498,43 hectáreas como APPA, equivalente al 24,36 % del total de la jurisdicción.

“Estas nuevas APPA recogen y reconocen la producción agropecuaria de muchas familias y la protección de los suelos que hoy hacen de los alimentos un elemento fundamental en la economía de estos municipios. Con esta declaratoria reafirmamos la decisión de proteger los suelos agropecuarios”, afirmó la ministra de Agricultura, Martha Carvajalino.

Agregó que esta nueva declaración ofrece a los municipios los elementos técnicos para avanzar en el ordenamiento del suelo rural agropecuario.

En ambos casos la identificación de las APPA incorporó un componente de participación, tanto de las entidades como de las comunidades, atendiendo a los lineamientos institucionales del Ministerio y a los principios de origen constitucional que rigen la articulación nación - territorio.

Con el apoyo de la Unidad Para la Planificación Rural Agropecuaria (UPRA), se desarrollaron 18 mesas de trabajo con las comunidades en Fredonia y 17 en Venecia.

Durante el proceso las personas aportaron a la identificación de inconsistencias, problemáticas, preocupaciones, temas a profundizar y recomendaciones, lo cual permitió obtener el contexto de las dinámicas territoriales sobre la información presentada.

Esta estrategia de participación se diseñó conforme a principios analizados por la Corte Constitucional mediante Sentencia C-149 de 2010, demostrando el compromiso y la transparencia del Gobierno con el acceso a la información y la construcción conjunta de la política pública de ordenamiento territorial.

Imagen Facebook
El caso Fredonia

La producción de alimentos en el municipio de Fredonia desempeña un papel estratégico en la seguridad alimentaria. Desde una perspectiva económica, esta zona se ubicó en la posición 49 en el aporte total del valor agregado de Antioquia, con una contribución de 501.000 millones de pesos, equivalente al 0,26% del total departamental.

Frente a los aportes sectoriales del municipio, el 40% corresponde al sector primario y, dentro de este, el 54% proviene de actividades como agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca.

Algunos de los alimentos que se destacan en producción son el plátano, las naranjas y, especialmente, el café, producto eje de la economía local.

Lo anterior muestra la importancia que tienen las actividades agropecuarias para la economía local y las tradiciones propias de las comunidades.

Imagen Facebook
El caso Venecia

Este municipio se ubicó en la posición 73 en el aporte total del valor agregado de departamento de Antioquia, con una contribución de 282.000 millones de pesos, equivalente al 0,15% del total.

Respecto a sus aportes sectoriales, el 34% corresponde al sector primario y dentro de este, 11% proviene de actividades como agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca (destacándose alimentos de importancia para su cultura alimentaria como plátano, maíz, frijol y yuca), mientras que un 23% corresponde a explotación de minas y canteras.

Con estas dos declaratorias se configura una estrategia fundamental para blindar la seguridad alimentaria y fortalecer el sistema agroalimentario de estos territorios, dentro de un ordenamiento territorial sostenible.

La implementación de estas dos APPA permitirá potenciar el desarrollo, garantizar la producción agropecuaria y contribuir a la estabilidad económica y social del campesinado en estos territorios.

Microbios del suelo, aliados para que la agricultura resista el cambio climático

Participantes del curso internacional “Potencial biotecnológico del microbioma
en la agricultura: hacia el diseño y la implementación de comunidades
sintéticas para mitigar efectos del cambio climático en cultivos realizan prácticas
agenciadenoticias.unal.- Bajo la tierra existe una comunidad invisible que trabaja en silencio: millones de microorganismos se agrupan en el microbioma del suelo y cumplen funciones vitales; por ejemplo, ayudan a las plantas a absorber mejor los nutrientes, estimulan su crecimiento y activan sus defensas naturales frente a plagas o variaciones extremas del clima.

La profesora Paula Alejandra Díaz Tatis, del Instituto de Biotecnología de la UNAL (IBUN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica que “este conjunto de organismos actúa como un ‘sistema inmunológico extendido’ de los cultivos, capaz de darles más resiliencia frente a las condiciones cambiantes”.

En América Latina el cambio climático ya está modificando los escenarios agrícolas: campesinos que antes cultivaban en zonas estables deben trasladarse a suelos nuevos, en donde los cultivos se enfrentan a agentes dañinos desconocidos. Aumentan las plagas, aparecen variantes de microorganismos que afectan a las plantas y se intensifican fenómenos como el estrés hídrico –es decir la falta de agua suficiente para que las plantas mantengan sus funciones vitales–, el cual se produce por sequías más prolongadas, lluvias irregulares o suelos con baja capacidad de retener humedad, lo que debilita los cultivos y los hace más vulnerables a enfermedades. A esto se suma el calor extremo, que agrava las pérdidas y acelera la presión sobre los sistemas agrícolas.

La profesora Paula Alejandra Díaz Tatis, del Instituto de Biotecnología de
la UNAL, coordinó el curso internacional sobre microbioma del suelo.
Foto: Paula Díaz, profesora del IBUN.
“Estas condiciones obligan a buscar nuevas estrategias, y una de las más prometedoras es justamente el aprovechamiento del microbioma”, explica la investigadora Díaz.

Con ese propósito se desarrolló en la Hemeroteca Nacional el curso internacional “Potencial biotecnológico del microbioma en la agricultura: hacia el diseño y la implementación de comunidades sintéticas para mitigar efectos del cambio climático en cultivos”, organizado por el IBUN con el apoyo del Centro Latinoamericano de Biotecnología (CABBIO) de Argentina.

Un laboratorio vivo para entender los secretos del suelo

Participantes del curso internacional sobre microbioma del suelo
en la Hemeroteca Nacional, organizado por el IBUN.
Foto: María Fernanda Londoño, Unimedios.
En el estudio participaron 16 estudiantes e investigadores provenientes de Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Perú y Colombia, quienes durante 80 horas combinaron teoría y práctica en un espacio interdisciplinar de formación científica y cooperación regional.

En las prácticas, los participantes extrajeron ADN de la rizósfera del arroz —la zona del suelo en contacto directo con las raíces— y construyeron librerías metagenómicas, es decir colecciones de fragmentos de material genético que permiten secuenciar y explorar la diversidad genética de todos los microorganismos presentes sin necesidad de aislarlos uno por uno.

Con el apoyo de análisis de bioinformática, herramientas computacionales que procesan grandes volúmenes de datos, fue posible identificar qué microbios habitan en el suelo y cómo interactúan.

La profesora Díaz explica que “este enfoque abre una ventana al mundo microbiano que los métodos tradicionales de cultivo ya no permiten, pues muchos de estos organismos no pueden crecer en condiciones de laboratorio”.

Estudiantes e investigadores de seis países participaron en el curso
internacional sobre microbioma del suelo, realizado en la UNAL.
Foto: María Fernanda Londoño, Unimedios.
El curso también profundizó en el diseño de consorcios microbianos, que busca combinar microorganismos esenciales en comunidades sintéticas capaces de transferirles a los cultivos rasgos como resistencia a la sequía, tolerancia a altas temperaturas o mecanismos de biocontrol, es decir, estrategias biológicas para contener o suprimir enfermedades en las plantas sin necesidad de recurrir a pesticidas químicos.

Los estudiantes conocieron además el potencial de los biofertilizantes y bioestimulantes microbianos, preparados que, más allá de nutrir el suelo, establecen un “diálogo molecular” con las raíces: las plantas liberan compuestos que atraen a los microbios, y estos a su vez producen moléculas que activan defensas naturales y reducen los efectos del calor o la falta de agua.

Uno de los temas más novedosos fue la edición genética de bioinoculantes bacterianos con la técnica CRISPR-Cas, que permite mejorar la eficiencia de estos microorganismos y dotarlos de funciones específicas. Argentina ha marcado la pauta en este campo con investigaciones pioneras que muestran cómo bacterias editadas pueden proteger cultivos frente a condiciones adversas y reducir el uso de agroquímicos.

Durante el curso los participantes realizaron prácticas de laboratorio
para evaluar la interacción entre plantas y microorganismos.
Foto: Paula Díaz, profesora del IBUN.
La investigadora Díaz resaltó que este tipo de iniciativas fortalecen el trabajo que el IBUN viene desarrollando en microbiología agrícola y bioprospección. Allí, grupos de investigación liderados por expertos como Nubia Moreno y Daniel Uribe han trabajado durante años en el uso de insumos microbianos y en la exploración del microbioma como herramienta biotecnológica para una agricultura sostenible en el país.

La profesora concluyó que formar expertos en estas temáticas es fundamental para la región, ya que América Latina necesita comunidades científicas capaces de diseñar soluciones propias frente a los retos agrícolas que impone el cambio climático, para no depender de insumos externos.

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