Esta investigación permitió probar un nuevo método para separar el THC de los derivados del cannabis. Foto: archivo Unimedios.
agenciadenoticias.unal.- Ada Carolina Gallo Molina, doctora en Ingeniería Química de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), demostró que es posible reducir a niveles mínimos la presencia de tetrahidrocannabinol (THC), sustancia asociada con los efectos psicoactivos del cannabis, y conservar una alta concentración de cannabidiol (CBD), otro de los componentes de la planta, que no produce dichos efectos.
Aunque tienen efectos diferentes sobre el organismo, ambos compuestos poseen aplicaciones terapéuticas. Según explica la investigadora, el THC tiene potencial para el manejo del dolor crónico, mientras que el CBD se ha estudiado por sus propiedades antiinflamatorias.
El avance resulta especialmente importante para Colombia, donde buena parte del cannabis destinado a la exportación se comercializa como flor seca, mientras que su transformación en productos de mayor valor agregado suele realizarse en el exterior. Contar con tecnologías para procesarlo en el país permitiría ampliar las oportunidades de esta industria.
“La metodología utilizada permite remover el THC para cumplir la normativa más estricta, pero manteniendo un producto de calidad que produce una sinergia natural entre el CBD, otros cannabinoides y los terpenos, potenciando el efecto terapéutico y medicinal del producto”, señala la investigadora.
Oportunidades para Colombia
La industria del cannabis medicinal representa una oportunidad para el país, especialmente si logra avanzar de la exportación de materia prima hacia la elaboración de productos con características específicas para su uso farmacéutico. Para 2025, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) le asignó a Colombia una cuota de 85.955 kilos de cannabis para fines médicos y científicos.
Los derivados del cannabis han probado ser de utilidad para el tratamiento de diferentes enfermedades.Foto: archivo Unimedios.
Para la ingeniera química, buena parte de lo que el país exporta es flor seca, que suele procesarse en el exterior. Los derivados de la planta, como los extractos o las conocidas gotas de CBD, tienen mayor valor agregado, pero para comercializarlos es necesario cumplir con los límites establecidos para el compuesto psicoactivo en los países compradores.
“Los resultados ya fueron probados a nivel industrial. Es una muestra de cómo la industria puede dotarse de tecnología suficiente para competir a nivel internacional y purificar localmente derivados de calidad farmacéutica”, asegura.
Una de las ventajas del procedimiento es que no solo permite obtener un extracto con una presencia mínima de la sustancia psicoactiva, sino también recuperar otros componentes de la planta que pueden aprovecharse en investigaciones y desarrollos farmacéuticos.
Así, el proceso permitió obtener tres productos diferentes:Un extracto de espectro amplio, que conserva buena parte de los compuestos naturales del cannabis, con más del 80 % de CBD y menos del 0,05 % de THC.
Un concentrado de THC con una pureza superior al 75 %, de interés para ensayos clínicos, investigaciones sobre el tratamiento del dolor crónico y como material de referencia para laboratorios.
Cannabicromeno (CBC), un componente menos abundante de la planta, que despierta interés científico por sus posibles aplicaciones medicinales y que se obtuvo con una pureza superior al 90 %.
“Esto abre oportunidades para desarrollar productos con diferentes aplicaciones farmacéuticas, desde formulaciones magistrales hasta sistemas de administración como parches transdérmicos. Además, contar con procesos de separación eficientes nos permite avanzar hacia una industria del cannabis más competitiva, capaz de ofrecer productos de composición controlada y ajustados a las exigencias regulatorias”, destaca la doctora Gallo.
Debido a las estrictas normas regulatorias de ciertos países que exigen cumplir con niveles bajos de THC.Foto: Valeria Peña, Unimedios.
Cómo se quita el THC hoy
Uno de los principales desafíos para producir derivados medicinales del cannabis es controlar la cantidad de sus diferentes componentes. Aunque existen variedades de la planta con concentraciones naturalmente bajas de THC, esto no significa que los productos obtenidos a partir de ellas mantengan esos mismos niveles.
“Sin embargo, que una planta tenga poco THC no garantiza que sus extractos cumplan con los límites establecidos para productos no psicoactivos”, anota.
Agrega que, durante el proceso de extracción convencional las sustancias presentes en la planta pueden concentrarse. Por ejemplo, una flor con un 0,7 % de THC puede dar lugar a un extracto que contenga entre el 3 y el 5 % de este compuesto. Por eso, incluso cuando se utilizan variedades con bajo contenido de la sustancia psicoactiva, es necesario contar con procedimientos que permitan retirarla hasta alcanzar los niveles requeridos.
“Además del mejoramiento genético, es necesario desarrollar tecnologías que permitan separar selectivamente el THC y conservar los demás cannabinoides de interés”, advierte.
De las simulaciones por computador a la producción industrial
Para separar el CBD del THC, la investigadora utilizó la cromatografía de partición centrífuga, una técnica que aprovecha la diferente afinidad de las sustancias por dos líquidos que no se mezclan entre sí; es decir, cada compuesto tiende a desplazarse hacia el líquido con el que tiene mayor afinidad, lo que permite separarlos.
Actualmente el país exporta principalmente la flor seca de cannabis, lo que implica un menor valor agregado en la comercialización.Foto: archivo Unimedios.
“La técnica ya se usaba en el mundo, con diferentes solventes, pero básicamente a escala laboratorio; lo que no existía eran datos sobre cómo se comportan el CBD y el THC a nivel termodinámico”, explica.
El aporte de su trabajo estuvo en estudiar ese comportamiento, identificar las mezclas de líquidos más adecuadas para separar los compuestos y demostrar que el procedimiento podía llevarse a una escala industrial.
El primer paso consistió en seleccionar líquidos o solventes compatibles con las exigencias de la industria farmacéutica. Después, la investigadora midió cómo se distribuían ambos componentes del cannabis entre los dos líquidos a diferentes temperaturas, información fundamental para establecer cuáles combinaciones permitirían separarlos con mayor eficiencia.
Como los programas comerciales de simulación no incluían la información necesaria sobre el THC, desarrolló su propio programa informático, denominado LLe-MC-AP, de acceso abierto. Esta herramienta le permitió anticipar cuáles mezclas podían funcionar y reducir a solo cuatro las opciones que debía evaluar experimentalmente, en lugar de realizar numerosas pruebas sin conocer de antemano sus posibilidades de éxito.
El modelo desarrollado reprodujo más del 99 % de los datos obtenidos experimentalmente, lo que permitió seleccionar el sistema de solventes que posteriormente se utilizó en el equipo de separación. De esta manera, el trabajo pasó de las simulaciones por computador a demostrar que era posible procesar cantidades mayores de extracto.
En una prueba de nueve horas se procesaron 800 gramos de extracto de cannabis, de los cuales se obtuvieron 613 gramos de un producto rico en CBD y con una presencia mínima de THC. El resultado demuestra la viabilidad técnica del procedimiento a una escala mayor que la de laboratorio.
La investigación permitiría que Colombia pueda exportar mejores productos derivados del cannabis. Foto: archivo Unimedios.
“La investigación mostró también que el licor madre, el residuo de la cristalización del CBD que suele descartarse, puede reutilizarse como punto de partida ‘más limpio’ para recuperar cannabinoides minoritarios de alto valor”, enfatiza.
Los resultados son un paso para que la industria no se quede únicamente en el primer eslabón de la cadena productiva: “dejar de exportar únicamente la flor de cannabis y poder comercializar productos de calidad farmacéutica”, concluye la doctora en Ingeniería Química, quien con estos valiosos aportes obtuve el segundo puesto en el reciente concurso Tesis en 3 minutos, organizado por la UNAL.













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