Iván Cepeda: no nos dejamos censurar.

Iván Cepeda anuncia la defensa de los derechos y las conquistas logradas, con tranquilidad pero sin permitir la censura al tiempo que denuncia al actual gobierno por querer reprimir y amedrantar la protesta ciudadana.

 

Reducción Pobreza Monetaria...

¿Qué sabemos sobre la historia sísmica en Chaparral, Tolima?

Servicio Geológico Colombiano.- Desde que opera la Red Sismológica Nacional de Colombia (RSNC) del Servicio Geológico Colombiano, no se había documentado en Chaparral (Tolima) una secuencia sísmica con las características de la que inició el pasado 20 de septiembre de 2026.
La RSNC ha localizado más de 1100 sismos de magnitud mayor a 2,0 con epicentro en Chaparral, Tolima, entre el 20 y el 30 de septiembre de 2026.

Nuestro Grupo de Evaluación de Amenaza y Riesgo Geológico, de la dirección de Geoamenazas, buscó en los registros históricos cuál ha sido la actividad sísmica que ha afectado a Chaparral a través de su historia.

Entre los hallazgos se destaca que los sismos con efectos más severos en este municipio no tuvieron como epicentro Chaparral, sino que estuvieron localizados en el departamento del Huila.

Con los miles de reportes recibidos a través del formulario de Sismo Sentido, sumados a los datos del trabajo de campo y a los registros de las estaciones de monitoreo de la Red Sismológica Nacional de Colombia, nuestro equipo científico evalúa permanentemente esta actividad sísmica y consolida la información para caracterizar y comprender mejor el fenómeno.

Desde el pasado 22 de septiembre, el SGC está emitiendo un boletín diario que resume la actividad sísmica destacada en Colombia. Les invitamos a consultarlo a través de nuestra página web y redes sociales para conocer cómo evoluciona la secuencia sísmica en Chaparral, Tolima, así como las otras secuencias que ha identificado el SGC tras el sismo de magnitud 7,4 con epicentro en San José del Palmar, Chocó, sucedido el 10 de agosto de 2026.

La democracia nunca ha sido inmune a la violencia

Expertos internacionales analizaron las relaciones
entre violencia, democracia y paz durante el
seminario  del Iepri.
Fotografía: Valeria Peña, Unimedios.
agenciadenoticias.unal.- La democracia puede deteriorarse incluso desde sus propias instituciones. Un gobernante elegido puede utilizar mecanismos técnicamente legales, romper normas democráticas y restringir progresivamente derechos y espacios de participación. A esto se suman la desigualdad, el poder económico sobre las decisiones políticas y distintas formas de violencia que ya no se limitan a los conflictos armados.

Este panorama fue planteado por investigadores de las universidades de Yale y Bedfordshire, y de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres, reunidos en el Seminario Internacional “Colombia y el Mundo: Violencia, Democracia y Paz”, organizado por el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (Iepri).

El profesor Carlos Patiño moderó el panel sobre
violencia y democracia desde una perspectiva global.

Una de las cifras que dimensiona el problema fue presentada por Elisabeth Wood, profesora de Ciencia Política de la Universidad de Yale, a partir de datos de 2025 del proyecto Variedades de la Democracia (V-Dem), elaborado por la Universidad de Gotemburgo, en Suecia. Según esta medición, casi tres cuartas partes de la población mundial viven en autocracias y solo el 7 % en democracias liberales.

Los datos muestran además que Estados Unidos perdió por primera vez en 50 años su estatus de democracia liberal y que su deterioro ha sido más rápido que el registrado en Hungría y Turquía.

La profesora Wood explicó que muchas de las herramientas utilizadas en procesos de erosión democrática pueden ser técnicamente legales y aplicadas por líderes elegidos popularmente, aunque terminen debilitando las normas sobre las que funciona una democracia. En muchos de estos procesos, agregó, también se registran actos de violencia contra la oposición política y cívica.

James Putzel analizó la relación entre
democracia, violencia y poder económico.
La investigadora citó además un estudio según el cual una mayor desigualdad está asociada con una mayor probabilidad de erosión democrática. Sin embargo, recordó que buena parte de los episodios de la denominada tercera ola de autocratización se han revertido, como ocurrió en Polonia y Brasil.

“Estamos ante una ola mundial de erosión de la democracia muy preocupante, pero su continuidad y su propagación no son inevitables”, afirmó.

Violencia y democracia mantienen una relación histórica

El deterioro democrático no fue el único foco de la discusión. Los investigadores también cuestionaron la idea de que democracia y violencia sean necesariamente fenómenos opuestos.

Elisabeth Wood presentó cifras sobre el retroceso
de la democracia en el mundo.
James Putzel, profesor de Estudios del Desarrollo de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres, sostuvo que “las formas democráticas de gobierno son mucho más frágiles de lo que pensaban sus teóricos liberales e institucionales”.

Recordó que las democracias nunca han sido inmunes a la violencia. “Muchas de las democracias más ricas nacieron del despojo de tierras, el genocidio y el saqueo colonial, cuyas cicatrices perduran hasta hoy”.

Uno de los ejes de su intervención fue la tensión entre democracia y capitalismo, expresada en el peso del dinero sobre los resultados electorales, la propiedad privada de los medios de comunicación y la capacidad del capital financiero para restringir decisiones democráticas a través de los mercados de bonos, dinámicas que, señaló, también están presentes en Colombia.

Jenny Pearce abordó las múltiples expresiones de
la violencia y la necesidad de comprenderlas.
Sobre los acuerdos de paz explicó que, al igual que una constitución democrática, estos abren espacios para que las personas se organicen y reclamen sus derechos, pero sus resultados no están predeterminados. Advirtió además que la paz se vuelve precaria cuando no se atienden las causas que dieron origen a los conflictos violentos.

“Hoy, tanto en los países ricos como en los pobres, la democracia se encuentra en una situación precaria”, concluyó.

Entender las violencias para construir paz

La discusión mundial encontró un punto de conexión directo con Colombia en una investigación realizada hace casi cuatro décadas y que todavía plantea preguntas vigentes.

El Auditorio Alfonso López Pumarejo acogió la primera
jornada del seminario internacional del Iepri.
Jenny Pearce, profesora de la Universidad de Bedfordshire, retomó “Colombia: violencia y democracia”, informe elaborado por la Comisión de Estudios sobre la Violencia del Iepri, un trabajo que contribuyó a ampliar la mirada sobre el fenómeno al mostrar que sus expresiones desbordaban la dimensión estrictamente política y que la violencia no podía atribuirse exclusivamente a los sectores pobres.

“Hay que entender la violencia para entender la no violencia. Si no entendemos la violencia para reducirla, no podemos trabajar las condiciones que la reproducen”, señaló.

Pearce, cuya primera visita a Colombia fue en 1975 y quien conoció el Iepri en 1988, dos años después de su fundación, sostuvo que la democratización también ha estado atravesada históricamente por procesos violentos, pese a que durante décadas se mantuvo la idea de que la democracia liberal reduciría por sí misma las violencias y que estas eran “un problema de pobreza y no de riqueza”.
La investigadora llamó además a ampliar la mirada más allá de las violencias letales para reconocer fenómenos como el secuestro, la desaparición y lo que denomina “violencia crónica”, aquella que se reproduce en espacios cotidianos como la casa, la calle y la escuela, e incluso desde el propio Estado.
Sobre el momento actual afirmó que “la democracia electoral ahora se combina con autoritarismo” y advirtió sobre el papel de las redes sociales en la fragmentación social. Frente a ese escenario planteó la necesidad de construir “una filosofía alternativa de la paz y una economía para la paz”.

Clara Rocío Rodríguez Pico, directora del Iepri,
destacó la vigencia de sus reflexiones tras
40 años de trabajo.
Cuatro décadas pensando la violencia, la democracia y la paz

Las discusiones adquieren una dimensión particular en Colombia. En 2026 se cumplen diez años de la firma del Acuerdo Final de Paz y cuatro décadas de la creación del Iepri, fundado en 1986 precisamente para estudiar las causas del conflicto armado y las violencias del país. Además, la UNAL declaró 2026 como el Año de la Paz.

El seminario, realizado en el Auditorio Alfonso López Pumarejo, reúne investigadores nacionales e internacionales alrededor de las transformaciones que han experimentado la violencia, la democracia y la construcción de paz durante estas cuatro décadas.

La directora del Iepri, Clara Rocío Rodríguez Pico, señaló que “variadas formas de violencia continúan vigentes, y eso obliga a volver sobre reflexiones de hace cuarenta años. La relación de estas con la democracia está a la orden del día y se presenta en distintas latitudes”.

Para la profesora Rodríguez, estas discusiones no deberían permanecer exclusivamente en el ámbito académico, sino llegar también a los sectores político y gubernamental. Las actividades por los 40 años del Instituto continuarán hasta 2027 e incluirán, entre otras iniciativas, un número especial de la revista Análisis Político.

El rector José Ismael Peña destacó los aportes del
Iepri a la comprensión de los problemas del país.
Durante la instalación, el rector José Ismael Peña destacó al Iepri como una de las contribuciones intelectuales de la Universidad para comprender a Colombia y su relación con el mundo.

“Hoy no celebramos solo cuatro décadas, sino una forma de hacer ciencia social rigurosa, interdisciplinaria y pública. Una ciencia que plantea preguntas complejas a problemas complejos”, afirmó.

Según el rector, el Instituto “nunca separó el rigor académico de la responsabilidad pública”. En ese escenario mencionó algunos de los desafíos que hoy complejizan la construcción de paz y la democracia, entre ellos las tensiones geopolíticas, la aceleración tecnológica, la crisis climática, las noticias falsas y las migraciones.

Bajos niveles del río Amazonas dificultan la movilidad fluvial de comunidades del Trapecio Amazónico

La Defensoría del Pueblo realizó un recorrido fluvial por el río Amazonas, en jurisdicción de Leticia, para verificar las condiciones actuales de sus niveles y conocer directamente las percepciones y afectaciones manifestadas por las comunidades frente a las variaciones del caudal.
Durante la jornada, la entidad tomó como punto de referencia la comunidad de Macedonia, habitada principalmente por integrantes de los Pueblos Tikuna y Cocama. Allí identificó dificultades relacionadas con la movilidad fluvial, el acceso a la educación y el abastecimiento de agua durante los periodos de sequía.

La comunidad de Macedonia cuenta con más de 1.200 habitantes y aproximadamente 170 familias. Para sus habitantes, el río Amazonas no solo es la principal vía de comunicación y transporte, sino un elemento fundamental para la vida comunitaria, la alimentación, las actividades económicas y culturales y el desarrollo de prácticas tradicionales.

Uno de los principales asuntos observados está relacionado con el acceso a la educación. La Institución Educativa Francisco de Orellana registra 972 estudiantes en sus diferentes sedes: 532 pertenecen a la sede principal de Macedonia y 440, equivalentes al 45,3 % del total, se desplazan diariamente desde las sedes de Puerto Triunfo, Zaragoza, El Vergel, Mocagua, Palmera y San Martín hacia la sede principal.

De acuerdo con la información recogida durante el recorrido, los periodos de sequía y el descenso de los niveles del río pueden dificultar la navegación, aumentar los tiempos de desplazamiento y generar mayores riesgos y costos para las familias. Estas condiciones pueden convertirse en una barrera para el acceso y la permanencia educativa de niñas, niños y adolescentes que dependen de la conectividad fluvial.

El abastecimiento de agua es otra de las preocupaciones identificadas. Durante los periodos de sequía disminuyen las fuentes disponibles y la reducción de las lluvias limita la recolección de agua lluvia, situación que puede afectar la satisfacción de necesidades básicas de la población.

Durante el recorrido y el diálogo comunitario también se identificó como una situación de preocupación la presencia de caracol gigante africano, frente a la cual se evidencia la necesidad de fortalecer los conocimientos de la comunidad sobre su identificación, prevención, manejo y disposición adecuada, debido a que es considerado una especie invasora, debido a su alta proliferación, polifagia (deseo de comer) y capacidad de adaptación a diversas condiciones ambientales, generando impactos ecológicos y económicos negativos, causando grandes daños a los cultivos y terrenos.

Recomendaciones

Frente a las situaciones identificadas durante el recorrido, la Defensoría del Pueblo formuló recomendaciones orientadas a anticipar los efectos de las variaciones en los niveles del río y fortalecer la respuesta institucional:

Calendario preventivo de riesgo hidroclimático: fortalecer el seguimiento institucional y comunitario a los niveles del río Amazonas y articular la información de Gestión del Riesgo, las autoridades municipales, la institución educativa, las autoridades indígenas y las comunidades para anticipar periodos de sequía, crecientes y niveles críticos del río.

Educación y movilidad fluvial: adoptar oportunamente y de manera articulada, cuando las condiciones lo requieran, ajustes temporales en horarios, rutas o frecuencias del transporte escolar fluvial para garantizar la continuidad y permanencia educativa.

Acceso al agua: priorizar a la comunidad de Macedonia dentro del programa de construcción o implementación de pozos artesianos liderado por la Alcaldía Municipal, como una medida preventiva orientada a garantizar el acceso permanente, suficiente y seguro al agua para consumo humano.

Manejo del caracol gigante africano: fortalecer las acciones de educación ambiental y vigilancia comunitaria desde un enfoque étnico, intercultural y territorial, con participación de las autoridades indígenas y articulación con las autoridades ambientales y sanitarias.

Seguimiento interinstitucional y comunitario: establecer un mecanismo que permita revisar periódicamente los niveles del río, las condiciones de navegabilidad, el funcionamiento del transporte escolar fluvial, el abastecimiento de agua y las condiciones de acceso y permanencia educativa.

Para los Pueblos Indígenas Tikuna y Cocama, el río Amazonas no representa únicamente una vía de transporte, sino un elemento fundamental de su territorio, cultura, identidad, subsistencia y vida comunitaria.

Por esta razón, las medidas frente a los ciclos de sequía e invierno deben reconocer sus particularidades territoriales y culturales, incorporar su participación y avanzar hacia una gestión preventiva que contribuya a garantizar la educación, el acceso al agua, la salud, la movilidad, la seguridad alimentaria y la vida digna.

Tres Troncales...

Importante.

La democracia nunca ha sido inmune a la violencia

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