Mapean focos de destructiva enfermedad de los cítricos y alertan sobre nuevas zonas en riesgo

El huanglongbing es la enfermedad más devastadora
para árboles de naranja, limón o mandarina.
Foto: archivo Unimedios.
El análisis, realizado por Alejandra Castro Susa, magíster en Ciencias Agrarias de la UNAL, reconstruyó por primera vez la expansión de la enfermedad en Colombia a partir de registros oficiales recopilados entre 2016 y 2024, y propone nuevas herramientas para fortalecer la vigilancia fitosanitaria.

En Colombia la enfermedad “greening de los cítricos” es causada por la bacteria Candidatus Liberibacter asiaticus y transmitida por Diaphorina citri, un insecto que lleva el patógeno de un árbol a otro mientras se alimenta de las plantas.

Una vez dentro del árbol, la bacteria coloniza el floema (tejido que transporta los nutrientes hacia toda la planta) obstruyéndolo progresivamente como si bloquearan lentamente los canales de abastecimiento. 
Las hojas se comienzan a amarillear, los frutos se deforman y producen sabores amargos, las ramas se secan, y finalmente el árbol muere.
Uno de los mayores problemas es que los síntomas pueden tardar desde varios meses hasta más de un año en aparecer según el tipo de cítrico y las condiciones de cultivo. Durante ese tiempo las plantas infectadas actúan como reservorios de la bacteria sin que los productores lo noten, mientras el insecto se alimenta de ellas y dispersa el patógeno a los árboles sanos.

“Cuando se detectó la bacteria en Colombia hubo mucho miedo porque el insecto transmisor ya estaba presente en muchos departamentos del país”, señala la investigadora Castro.

Uno de los mayores problemas es que los síntomas pueden
tardar en  aparecer desde varios meses hasta más de un año.
Foto: Joe Raedle / Getty Images North America / AFP
Explica además que, a partir de la vigilancia oficial realizada por el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), el insecto se reportó por primera vez en 2008 en Tolima, y la bacteria se confirmó oficialmente en La Guajira en 2016, y desde entonces el programa de vigilancia en cultivos y viveros se intensificó de manera sostenida.

“La enfermedad se puede confundir fácilmente con deficiencias nutricionales o alteraciones fisiológicas de la planta, por eso el diagnóstico debe ser muy riguroso. La dificultad para detectarla fue una de las razones por las que existía tanta preocupación en el país, especialmente después de lo ocurrido en Brasil, en donde el HLB llegó en 2004 y arrasó con millones de árboles”, señala la experta.

Su estudio, dirigido por los profesores María Fernanda Niño y Joaquín Guillermo Ramírez Gil, buscó entender por qué Colombia no ha vivido todavía una crisis de la magnitud registrada en otros países. “En Florida, en menos de 5 años ya tenían cerca del 80 % de las plantaciones afectadas”, menciona la magíster.

Un enemigo silencioso

Para responder a esa pregunta, la investigadora Castro analizó los registros oficiales de vigilancia del ICA recopilados entre 2015 y 2024, los cuales incluyen reportes de laboratorio, ubicación de plantas infectadas, presencia del insecto vector, y datos de monitoreo fitosanitario complementados con variables climáticas y ambientales.

Departamentos como La Guajira, Atlántico y Magdalena son los
más afectados por esta enfermedad de los árboles cítricos.
Foto: archivo Unimedios.
Con toda esa información, la magíster Castro aplicó dos herramientas analíticas complementarias: MaxEnt, un modelo de distribución de especies que estima las zonas del país que reúnen las condiciones climáticas y ambientales favorables para la bacteria y el insecto; y SaTScan, un programa estadístico que identifica en qué momento y lugar se encontraron casos positivos significativos, revelando patrones de expansión que la vigilancia no siempre permite detectar.

Los análisis permitieron construir por primera vez una caracterización espacial y temporal del HLB en Colombia, la cual combina la distribución observada con el riesgo potencial.

Los modelos indican que prácticamente todo el país tiene condiciones aptas para albergar al insecto vector, que según los registros oficiales actualmente ya está confirmado en 27 departamentos, y en menor medida para la bacteria que se sigue concentrando especialmente en la costa Caribe.

Según el estudio, La Guajira sigue siendo uno de los departamentos históricamente más afectados desde el primer reporte oficial, mientras que Atlántico presenta hoy una de las mayores concentraciones de casos positivos. Magdalena, Cesar, Bolívar, Sucre y Córdoba conforman además una zona de expansión en la región Caribe.

“En el Caribe, la dirección predominante de los vientos favorece el desplazamiento del insecto entre cultivos. Algo similar se ha documentado en varias regiones, en donde eventos climáticos como los huracanes han acelerado la dispersión de la enfermedad”, explica.

La investigación usó modelos especializados para mapear
y rastrear los focos de la enfermedad en el país.
Foto: Gianrigo Marletta / AFP.
Fuera de la región Caribe los patrones de dispersión son diferentes. Mientras en Norte de Santander la expansión parece estar asociada principalmente con el transporte de material vegetal infectado, en Antioquia los casos se concentran en árboles ornamentales del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, lo que evidencia que el problema trasciende los cultivos comerciales.

“Los árboles sembrados en traspatios, jardines, separadores viales o cercas vivas también pueden funcionar como reservorios de la bacteria y del insecto cuando están infectados, lo que convierte el manejo del HLB en un reto colectivo que involucra no solo a los productores, sino también a los ciudadanos y las autoridades locales”, señala la experta.

Retos importantes

Actualmente no existe una cura efectiva contra la bacteria, porque el microorganismo se aloja en el floema de las plantas y no hay tratamientos capaces de eliminarlo completamente. Por eso las estrategias se concentran en prevenir nuevas introducciones y manejar las poblaciones del insecto vector mediante insecticidas o enemigos naturales como Tamarixia radiata, una pequeña avispa parasitoide que ataca las formas juveniles del insecto vector.

Regiones como Caldas, Risaralda, Quindío y Valle del Cauca
deben fortalecer la vigilancia y prevención.
Foto: archivo Unimedios.
Los resultados indican que departamentos como Caldas, Risaralda, Quindío, Valle del Cauca, Tolima y Huila deberían fortalecer desde ahora las medidas de vigilancia y prevención. Allí el principal riesgo proviene del movimiento de material vegetal infectado entre regiones, una situación que facilitaría una expansión más rápida de la enfermedad si se llega a establecer en estas zonas productoras.

Según la investigadora, la mayor continuidad de los cultivos en estas regiones favorecería una dispersión más acelerada que la observada hasta ahora en la costa Caribe, en donde la fragmentación del paisaje ha actuado como una barrera natural.

Estos resultados le ofrecen al ICA evidencia científica e insumos técnicos concretos para priorizar geográficamente sus recursos de inspección y orientar su estrategia de vigilancia hacia un enfoque basado en riesgo, con el fin de evitar que Colombia enfrente una crisis similar a la que ya vivieron otros países productores de cítricos.

Buscar en METROnet

Importante.

Autoridades logran la entrega de la Comisión 34 de las disidencias de las Farc en el Magdalena Medio

Gracias a la presión de las autoridades, se sometieron a la justicia los miembros de la comisión 34 del frente Magdalena Medio de las diside...

Infraestructura social...

Agencia de Publicidad

Agencia de Publicidad