viernes, enero 11, 2019

Reforma política: mucho ruido y pocas nueces


Aunque la reforma política tenía potencial transformador, se deformó en su paso por el Congreso y acabó siendo una colcha de retazos sin cambios importantes.



 Ricardo Bello Gómez*

Una reforma deformada

El proyecto de reforma política era una oportunidad muy valiosa para reajustar incentivos y alcanzar una mejor representación política en las corporaciones públicas. Además, era una ocasión para incorporar algunas de las propuestas de la consulta anticorrupción.
Sin embargo, tras ser aprobada en la primera ronda de cuatro debates —de ocho necesarios— en el Congreso y pese a la celebración del gobierno de Iván Duque por este “triunfo”, la reforma se ha deformado en el camino.
El texto aprobado deja por fuera los puntos con mayor potencial reformador y adopta algunas medidas “sin dientes”. El texto final simplemente contenta a los congresistas e introduce sorpresas que solo favorecen a la actual clase parlamentaria.
Entre las expectativas de reforma del proyecto inicial se encontraban:
  • la financiación pública de campañas;
  • la reorganización de la representación en Cámara y Senado;
  • la reforma al Consejo Nacional Electoral (CNE);
  • la implementación de listas cerradas para elecciones de corporaciones públicas: Congreso, asambleas, concejos y juntas administradoras locales;
  • la limitación de la reelección hasta por tres periodos por corporación;
  • y la paridad de género en las listas.
El texto conciliado por las dos cámaras y que avanzó a la segunda ronda de debates solo incorporó la limitación de periodos y la financiación “preponderantemente estatal” de las campañas.
Además, el proyecto atenúa las incompatibilidades de los congresistas, de tal manera que (1) podrían renunciar a su curul para asumir cargos en el Ejecutivo de manera inmediata, e (2) incorpora un polémico Fondo de Inversión de Iniciativa Congresional, a través del cual los parlamentarios tendrían la capacidad de asignar hasta 20 por ciento del presupuesto nacional.

Una oportunidad perdida

Las listas cerradas no pasaron.
Para los partidos tradicionales era un riesgo
y para los nuevos una arbitrariedad. 
Foto- Ministerio del interior
Las listas cerradas con paridad y alternancia de género eran la columna vertebral de la reforma política. Por sí solas, tenían el potencial de provocar interesantes cambios en la dinámica político-electoral del país.



En primer lugar, las listas cerradas llevan al electorado a decidir entre propuestas partidistas, más allá del profundo personalismo que ha caracterizado a la política colombiana en los últimos veinte años. En este contexto, los partidos se verían forzados a ofrecer una mayor claridad ideológica y programática.
Más aun, la conformación de las listas por medio de mecanismos de democracia interna podría ser una ventaja competitiva para los partidos que busquen consolidar una agenda política clara.
Además, las listas cerradas también facilitarían la elección de los votantes. En la elección del Senado, por ejemplo, los votantes escogerían entre unos diez a quince partidos en vez de enfrentarse a un tarjetón con casi mil opciones individuales. Eso no sólo facilitaría la elección de los votantes, también reduciría el costo de las campañas.
Las listas cerradas llevan al electorado a decidir entre propuestas partidistas, más allá del profundo personalismo que ha caracterizado a la política colombiana.
En segundo lugar, la reglamentación de la paridad y alternancia de género, en combinación con las listas cerradas, daría un resultado muy cercano a la paridad de género en todas las corporaciones públicas.
Tenemos que considerar que las mujeres apenas alcanzan el 20 por ciento de representación en el Congreso. Con esta reforma de paridad de género se atacaría la principal injusticia de la representación política en Colombia.
Sin embargo, los partidos políticos tanto oficialistas como de oposición, retrocedieron en su entusiasmo inicial por las listas cerradas y la paridad.
  • En los partidos más tradicionales, los predominantes cacicazgos regionales vieron en las listas cerradas una amenaza a su dominancia intrapartidista frente a liderazgos nacionales, que podrían monopolizar la conformación de las listas.
  • En los partidos alternativos fueron varias las voces que se opusieron con el argumento de que las listas cerradas no le abrirían la puerta a nuevos liderazgos.
En todo caso, ya sea por favorecer sus propios intereses o por una interpretación errada de las implicaciones de la reforma, el Congreso hundió las listas cerradas. Sin listas cerradas, la paridad y alternancia de género, que tampoco fue aprobada, habría quedado sin ningún efecto directo en la representación política de las mujeres. Pese a los reveses en el trámite legislativo, el gobierno nacional ha anunciado que insistirá en estas medidas durante la segunda ronda de deliberaciones en el Congreso.

Los cambios a medias

 Los proyectos que pasaron favorecen abiertamente
a los actuales miembros del congreso.
Foto- Presidencia de la República de Colombia
 Solo hubo una propuesta que contó con un impulso significativo de los congresistas: una reforma al Senado para que treinta de sus curules fueran elegidas por circunscripción nacional y setenta por circunscripciones regionales, manteniendo la Cámara intacta. Sin embargo, esa propuesta no solucionaba los actuales problemas de representación y, finalmente, se cayó en la conciliación entre las dos cámaras.
Además, ninguna propuesta de reforma al Consejo Nacional Electoral avanzó de manera significativa en el debate legislativo, pese a la latente necesidad de despolitizar ese organismo y dotarlo de una mejor estructura que separe la vigilancia y el juzgamiento del proceso electoral. Así, este proyecto de reforma política deja de lado un necesario ajuste institucional del CNE como autoridad electoral.