viernes, febrero 16, 2018

El Centro Democrático en vía de rutinización


Tras el acuerdo para ir a la consulta entre Duque, Ramírez y Ordoñez, es oportuno repasar la trayectoria del Centro Democrático y sus posibles escenarios para las elecciones y el gobierno que viene. ¿Será un partido más?*.

 














Yann Basset** - Daniel López***

Apuntando a la victoria
En el momento de su estreno electoral en 2014, el Centro Democrático (CD) logró el segundo puesto en la preferencia de los ciudadanos para el Senado.
Ahora, con las dificultades del partido de la U y el empujón de la victoria del No en el plebiscito de 2016, el partido aspira a ocupar el primer lugar y a ganar las presidenciales.
Y sin embargo es muy difícil hacer previsiones en el caso de CD por dos razones:
1. Fue el único gran partido que en 2014 escogió la “lista cerrada” –cuando se vota por el partido en su conjunto y no por candidatos del mismo-. Como no es posible saber cuántos atrajo cada miembro de la lista, se hace difícil anticipar las posibilidades del partido en estas elecciones.
2. Se da por descontado que colombiana.
Los más de dos millones de votos que logró la lista al Senado y el 1,3 millón que cosecharon las de la Cámara sumadas, nos dan una idea del peso electoral propio de Uribe. Aun cuando su nombre no figuraba en las listas a la Cámara, su peso como líder del partido fue sin duda decisivo para atraer a los votantes.  
La popularidad de Uribe podría haber aumentado después del 2014 gracias al desplome de la de Santos y a la victoria del No en el plebiscito de 2016.
Sin embargo la salida de escena del adversario preferido del CD hace que los electores ya no interpreten el ciclo electoral de 2018 como un pulso polarizado entre uribismo y santismo. Aunque Uribe no ha perdido su atractivo, quizás su figura no logre ubicarse fácilmente en el centro de la contienda en 2018 como lo hizo en 2014.
Más allá de las incógnitas sobre la capacidad de Uribe para superar los resultados de 2014, hay algunos cambios en las candidaturas del partido que si bien son pocos son muy significativos.
En el Senado, además del candidato presidencial Iván Duque, cinco de los actuales titulares no aspiran a la reelección. Entre ellos, la pérdida que probablemente pesará más a nivel electoral es la de Orlando Castañeda, el representante de la Misión Carismática Internacional en la lista del CD. Con la decisión de Claudia Rodríguez de Castellanos de romper la alianza con el uribismo y de presentar su candidatura en Cambio Radical, el CD pierde los votos de esta potente congregación cristiana.
Se ha especulado mucho sobre el poder electoral de la Misión Carismática Internacional, y en particular, sobre su papel en la victoria del No en el plebiscito de 2016, pero en realidad es muy difícil saber cuántos votos le restarán a la lista del CD.
La última vez que un congresista de la organización se midió en las urnas con voto preferente fue en 2010 con la senadora Claudia Wilches, quien obtuvo unos 45.000 votos. Esto es probablemente mucho menos de lo que la Misión Carismática Internacional puede poner en las urnas hoy (y de lo que puso en 2014), pero matiza también las cifras extravagantes que a veces se mencionan hablando del poder del voto cristiano.
En compensación, la lista al Senado recibirá el refuerzo de varios representantes actuales que intentarán el salto a la cámara alta, siendo los más llamativos María Fernanda Cabal de Bogotá (electa en lista cerrada en 2014), Ciro Ramírez de Boyacá y Pierre García de Tolima, que tienen algo de voto propio.

Una institucionalización difícil


Campañas de opositores de los Acuerdos de Paz con las FARC.
 Foto: Facebook - Álvaro Uribe Vélez
El mayor cambio entre 2014 y 2018 no tiene que ver con el contenido de la lista sino con su modalidad.
Centro Democrático fue el único partido importante en apostarle a la lista cerrada en 2014. El mecanismo había sido casi abandonado desde que las listas de Enrique Peñalosa y Antanas Mockus se quemaron en 2006 con este mecanismo. El movimiento MIRA era el único que persistía en presentar listas cerradas desde entonces, mientras que los partidos importantes preferían apostarle a listas abiertas que les ahorraban el costo de definir el orden de sus listas y dejaban en manos de ellos la tarea de recoger votos por su cuenta.