lunes, marzo 05, 2018

IV. Partido Liberal: buscando un segundo aliento

Fue el partido mayoritario de Colombia, pero ha venido perdiendo su protagonismo y su identidad. ¿Cuál es la estrategia liberal para la elección de congresistas, que pasará con su candidato De la Calle y que haría este partido bajo el próximo gobierno?*




Yann Basset** - Daniel López***

De la Cámara  al Senado

Desde la reforma política de 2003 hasta 2014 el Partido Liberal de Colombia (PL) se mantuvo como la tercera bancada al Senado, cuando pasó al cuarto lugar debido al surgimiento del Centro Democrático.
Para estas elecciones legislativas el PL se encuentra en una situación difícil: algunas de sus figuras más reconocidas se retiran y deberán ser reemplazadas para limitar las pérdidas, como también le ocurre al Partido Conservador, su coprotagonista de la historia nacional a lo largo de los siglos XIX y XX.  Bajo los últimos gobiernos, sin embargo, los liberales tomaron un camino muy distinto del de los conservadores, con resultados bastante decepcionantes.
Por otra parte -y gracias a su arraigo histórico en muchas regiones- el PL ha mantenido su fuerza en la Cámara, disputándose el primer puesto con el partido de la U. Por esta razón los liberales tratan de conservar su votación organizando el relevo de sus senadores salientes con su vivero de representantes a la Cámara.

Seis de los diecisiete senadores del PL no se van a presentar a estas elecciones: ellos habían aportado unos 425 mil votos del 1.750.000 que tuvo el partido para la cámara alta. Entre estos congresistas se cuenta el veterano Horacio Serpa, quien fue de lejos el senador liberal más votado en 2014.
Serpa tratará de transferirle sus votos a su hijo Horacio José, asunto que no será fácil en tanto este último es conocido sobre todo en Bogotá (salió del Concejo para competir en estas elecciones), y su padre tenía buena parte de su caudal en Santander.
El partido perderá también a dos senadores con menor peso electoral pero con mucha visibilidad en la opinión pública: Juan Manuel Galán y Viviane Morales. Estas dos figuras salieron en peleas con la dirección nacional del partido encabezada por Cesar Gaviria, de manera que el futuro de sus votos es incierto.
Tanto el apoyo de Galán como el de Morales estaban concentrados en Bogotá, una plaza disputada y volátil. Por esta razón el PL tendrá que dar la batalla para mantenerse en la capital con Horacio José Serpa y la actual representante Olga Lucía Velásquez -quien aspira a saltar al Senado-.
El PL perderá algunos alfiles pero podrá contar con fuerzas de respaldo en territorios claves.
En cambio el partido parece más seguro en sus baluartes de la costa Pacífica y Antioquia; apuesta a recuperar terreno en la costa Caribe con el salto al Senado de Fabio Amín en Córdoba (donde peleará los votos rojos a Arleth Casado), y de Mauricio Gómez en Atlántico (quién aspira a reemplazar a Álvaro Ashton y encabeza la lista al Senado).
En resumen, el PL perderá algunos alfiles pero podrá contar con fuerzas de respaldo en territorios claves. Con lo anterior sufriría menos que la U en estas elecciones.

En busca de un nuevo perfil


Representante presidencial del Partido Liberal, Humberto de la Calle.  Foto- Presidencia de la República
Si bien es cierto que el PL se encuentra en una posición bastante parecida a su rival conservador, los dos partidos siguieron estrategias muy distintas y paradójicas.
La reforma políticas de 2003 y las que le siguieron buscaron favorecer a los partidos grandes y más cohesionados, para remediar la atomización que había sido inducida por la Constitución de 1991.   

Como dijimos en el artículo  anterior, los conservadores fueron los principales beneficiarios de las reformas – aunque siguieron comportándose como una laxa federación de caciques regionales-. Los liberales en cambio no lograron aprovechar los incentivos y a duras penas sobrevivieron. Lejos de resolverse, las divisiones con la U y Cambio Radical se hicieron permanentes.
La victoria del NO en el plebiscito le dañó al PL las expectativas de cosechar los frutos de su adhesión a la paz en las elecciones de 2018.
Paradójicamente sin embargo, los liberales se esforzaron para adaptarse a los nuevos incentivos:
  • Buscaron un norte doctrinal y estratégico más definido que sus colegas conservadores, hasta el punto de romper su tradición histórica y aceptar el papel de opositores bajo el segundo mandato de Álvaro Uribe.
  • Aunque el partido de la U había sido el principal elector del presidente Santos, el PL fue la fuerza política que defendió el proceso y los acuerdos de paz con mayor decisión y coherencia.
Los principales artífices del proceso fueron liberales: Humberto de la Calle como negociador del acuerdo con las FARC; Juan Fernando Cristo como autor de la Ley de Victimas y luego como impulsor de los trámites en el Congreso desde el Ministerio del Interior, y Rafael Pardo como ministro del post-conflicto.
Sin embargo esta estrategia no fue del todo exitosa por tres razones:
  1. La victoria del “no” en el plebiscito deshizo la esperanza de cosechar los frutos de su adhesión a la paz en las elecciones de 2018.
  2. La derrota provocó una disidencia interna no muy significativa en términos electorales, pero nociva para la imagen pacifista del partido. La disidencia fue encabezada por Sofia Gaviria y por Viviane Morales, quien se separó del oficialismo a raíz de las movilizaciones contra la “ideología de género” y se movió hacia el campo del “no” después del plebiscito.
  3. Pese a los esfuerzos de los ministros liberales, los senadores de este partido siguieron siendo los más indisciplinados y algunos se destacaron por ausentarse de las votaciones.

La consulta y la campaña


Juan Fernando Cristo.  Foto- Ministerio del Interior
La voluntad del partido de adoptar un perfil más definido significó buscar candidato presidencial propio:
  • El proceso no fue fácil e implicó la salida definitiva de Viviane Morales, quien se negó a suscribir el documento programático preparado por la dirección del partido que comprometía a los precandidatos a defender el acuerdo de paz y apoyar políticas favorables a la igualdad de las parejas del mismo sexo.
  • Aunque el enfrentamiento final entre Cristo y De la Calle no presentó grandes desacuerdos de fondo, tenía ciertas connotaciones estratégicas. Cristo buscaba una candidatura más liberal, por lo menos hasta la primera vuelta, mientras que De la Calle defendía una apertura del partido a una posible coalición pro-paz. Irónicamente, De la Calle triunfó con un margen pequeño en la consulta pero los acontecimientos acabaron por imponer la estrategia de Cristo, quien se enlistó activamente en la campaña de su ex adversario.
En estas condiciones, aunque las encuestas no auguran un resultado muy favorable para De la Calle, la campaña presidencial puede ser una buena oportunidad para reforzar el partido.
Aunque al principio De la Calle dio señales de no querer asociarlo a su campaña y de buscar más bien el voto independiente, esas elecciones muestran finalmente un partido que se puso en orden de batalla de forma relativamente coherente, cosa que no había pasado con las candidaturas de Rafael Pardo en 2010 y Horacio Serpa en 2006.
El refuerzo de Clara López, quien a pesar de militar en la izquierda siempre mantuvo cierta cercanía con algunos sectores del liberalismo, va en el mismo sentido. Causó desconcierto en los sectores independientes que acompañaban a De la Calle, pero fue bien recibido por el PL.
el peor escenario para el PL quizás sea el de una victoria de Vargas Lleras. Esto sellaría el fracaso de los esfuerzos del partido para volver a encontrar identidad propia.
Aunque sus posibilidades de llegar a la segunda vuelta son reducidas, el PL podrá reforzarse internamente en esta campaña, siempre que obtenga un respaldo razonable. El tiempo de las alianzas vendrá con la segunda vuelta.
Además de una victoria propia, al PL le serviría apoyar a una candidatura como la de Fajardo, quien no tiene mucho apoyo parlamentario. El liberalismo podría cobrarle caro una coalición que el candidato rechazó en un primer momento.
En caso de victoria de uno de los candidatos de la alianza de la derecha, el partido podría volver a tomar el camino de la oposición. Pero el peor escenario para el PL quizás sea el de una victoria de Vargas Lleras. En este caso, los caciques del partido intentarían volver a ser los socios menores de una coalición mayoritaria. Esto sellaría el fracaso de los esfuerzos del partido para volver a encontrar identidad propia.

*En Alianza con Razón Pública, el Observatorio de la Representación Política de la Universidad del Rosario propone una serie de artículos sobre el estado de las fuerzas políticas en víspera de las elecciones legislativas. Esta es la cuarta entrega de la serie.
** Profesor de la Universidad del Rosario, director del Observatorio de la Representación Política (ORP)
*** Investigador del ORP http://www.procesoselectorales.org/ twitter: ORPoliticaUR