lunes, marzo 26, 2018

Derrame de petróleo en Barrancabermeja: una tragedia irreversible

Un análisis de lo que pasó y lo que viene en el derrame de Ecopetrol.

Manuel Guzmán-Hennessey*
 La tragedia

El pasado 2 de marzo se detectó un derrame de petróleo en la quebrada La Lizama, en el departamento de Santander, que afectó también la quebrada Caño Muerto y que ya se expandió hasta el Río Sogamoso.

Según El Espectador, 23.440 barriles de fluidos (agua, lodo, petróleo) se habrían derramado a lo largo de 24 kilómetros. Los habitantes de la región temen que el derrame llegue al Río Magdalena. Hasta el momento ha perecido un número indeterminado de especies de flora y fauna de la región: peces, patos, babillas y culebras.

Según Eduardo Uribe, vicepresidente de sostenibilidad de Ecopetrol, nunca antes un pozo ya cerrado había recuperado la presión, como sucedió en este caso. Quizás por eso la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) tardó veinte días en anunciar que abrirá una indagación preliminar contra Ecopetrol para determinar si hubo o no negligencia por parte de la empresa.

Por su parte la Procuraduría citó a Ecopetrol, al Ministerio de Ambiente y a la ANLA, y le solicitó a esta última que ordene suspender las actividades de exploración y explotación en el área, entre otras cosas.

El accidente en La Lizama deja abierta una pregunta de gran importancia: ¿son insuficientes las medidas de prevención sobre operaciones petroleras que implican un riesgo para los ecosistemas y los habitantes de las regiones vecinas?

Recordemos que cuando estalló la plataforma DeepHorizon en el golfo de México, se dijo que aquel había sido el desastre petrolero más grande ocurrido jamás y que no podía volver a ocurrir.
Las afectaciones de un derrame de crudo son irreversibles.
Por lo tanto,
no bastan las “buenas intenciones” de Ecopetrol.
Pero la historia de los derrames de petróleo y de los “no puede volver a ocurrir” ha sido larga. En 1960, el buque Sinclair Petroler derramó 66.000 toneladas de crudo sobre las costas de Brasil. En 1989, el buque petrolero Exxon Valdez  produjo un derrame en las costas de Alaska cuyas consecuencias ambientales siguen sintiéndose hoy.

Y a pesar de los escándalos mediáticos que siguen a cada derrame, Greenpeace estima que desde 1960 han ocurrido más de 130 vertidos graves de petróleo en el mundo. En todos, las consecuencias habrían sido mucho menores de haber existido medidas apropiadas para responder a las tragedias. ¿Lo ocurrido en el pozo de Barrancabermeja se hubiera podido evitar? Algunos analistas piensan que sí, pues hace dos años la Contraloría había informado a Ecopetrol de los riesgos.

Un daño irreversible

Se ha estimado que cinco millones de toneladas de petróleo se derraman anualmente en los mares del mundo y sólo el 10 por ciento procede de accidentes de buques petrolíferos.

Cuando se vierte petróleo en un cuerpo de agua, la mancha de aceite se extiende sobre una superficie cada vez mayor hasta llegar a formar una capa muy extensa, de un espesor muy delgado. La formación de una película impermeable sobre el agua en las zonas de derrame afecta a la flora y a la fauna debido a que obstruye el intercambio de gases y desvía los rayos luminosos que aprovecha el fitoplancton para llevar a cabo el proceso de fotosíntesis.
Las instituciones ambientales de Colombia deben pasar,
cuanto antes mejor,
de la reacción a la acción preventiva.
Las afectaciones de un derrame de crudo son química y físicamente irreversibles. Por lo tanto no parecen suficientes las “buenas intenciones” del vicepresidente de sostenibilidad de Ecopetrol, quien afirmó que la empresa pretende dejar el ecosistema “igual o mejor” de lo que estaba antes. El riesgo a que está sometida la vida humana y la no humana, debido al calentamiento global, obliga a extremar las precauciones sobre las operaciones del desarrollo que sean potencialmente peligrosas para los ecosistemas naturales y construidos.

De la reacción a la acción

Este mes se reunió en Medellín la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES). Sus recomendaciones, contenidas en los cuatro informes sobre la biodiversidad del mundo, resultan especialmente pertinentes para examinar las consecuencias del derrame de petróleo de La Lizama y Caño muerto.

Más de quinientos expertos estudiaron la situación de las Américas, Asia y el Pacífico, África y Europa, para definir la importancia de la biodiversidad, su contribución económica y la efectividad de las políticas que existen hoy para protegerla. En Medellín, formularon una serie de recomendaciones que los gobiernos y la sociedad del mundo deberán tener en cuenta para proteger el medio ambiente.

Las instituciones ambientales de Colombia deben pasar cuanto antes de la reacción a la acción preventiva. Saber que los pozos abandonados, que en un tiempo rindieron hidrocarburos para el desarrollo, pueden volver a estallar debe permitir tomar acciones concretas para este tipo de situaciones.

Los problemas ambientales y, específicamente, los factores que conducen al deterioro ambiental no se pueden considerar como asuntos que atañen a un solo país. Los impactos sobre el medio ambiente conciernen a todos los habitantes del mundo.

Lo anterior se lee en el Convenio Internacional sobre las Relaciones Ecológicas, ratificado por Colombia. En el Convenio también se afirma que la preservación de un ambiente sano constituye un interés universal de los Estados.

¿Qué sigue?

Derrame de petróleo en Barrancabermeja.
 Foto- Alcaldía de Barrancabermeja
 De acuerdo con Ecopetrol, la empresa informó que en total 60 familias que viven en los alrededores del pozo fueron alertadas por la emergencia de derrame de crudo cuya causa sigue siendo materia de investigación.

Por ahora solo queda esperar que se cumpla el plan de contingencia para atender el afloramiento de agua, crudo y gas que se registra en un predio aledaño al sitio de derrame. Ecopetrol ha informado que los consejos municipales de atención y prevención de desastres de Barrancabermeja y San Vicente de Chucurí han sido alertados y que, en los próximos días, se conocerán nuevas medidas orientadas a proteger y restaurar los ecosistemas afectados.
El ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Luis Gilberto Murillo, aseguró que es necesaria “una respuesta muy rápida de Ecopetrol en la construcción de varias piscinas para la recolección del crudo derramado, tanto en la fuente, como en el lugar previo a la desembocadura del río Sogamoso. Igualmente es necesario que se aceleren las labores de limpieza de la mancha de crudo”.

Por su parte, el director de la Escuela de Ingeniería de Petróleos de la Universidad Industrial de Santander (UIS), Nicolás Santos Santos, anotó que aunque es cierto que el accidente ocurrido en el pozo La Lizama no está relacionado con las prácticas del fracking, no es común ni normal que se presente una emergencia como esta en los pozos petroleros de la región, por lo que cree la tragedia puede estar relacionada con una falla mecánica del pozo, aún por investigar.

Seis expertos de las escuelas de Ingeniería de Petróleos, Geología e Ingeniería Química de la UIS han empezado a recorrer la zona del corregimiento La Fortuna para evaluar las causas y posibles soluciones ante la emergencia ambiental. Ojalá que entre todas estas instancias (públicas, privadas, académicas, ciudadanas) podamos conocer en breve todo lo que sucedió. Que las autoridades tomen las medidas correctivas necesarias y que la empresa responsable adopte las medidas a futuro para que un ecocidio como este, no vuelva a suceder en nuestro territorio.

* Profesor de la Universidad del Rosario, director general de la red latinoamericana sobre cambio climático Klimaforum Latinoamérica Network (KLN). director@laredkln.org