sábado, mayo 27, 2017

Paros cívicos y laborales: los motivos y las respuestas

razonpublica-Boris Duarte*.- Ante la ola de protestas y movilizaciones sociales, el gobierno sigue respondiendo con una mezcla de represión, concesiones y promesas que incumple. Pero la firma de los acuerdos de paz podría hacernos entender que la protesta social es saludable.



Tratamiento represivo

Aun cuando en muchas sociedades existen normas que regulan el ejercicio de la protesta, muy pocas se comparan con los mecanismos, muchas veces violentos, de normalización y de control que restringen la protesta ciudadana en países como el nuestro.

En Colombia la protesta y el conflicto social son vistos y tratados por el Estado y las élites políticas como una amenaza e incluso como un “enemigo interno”. La legislación vigente – el nuevo Código de Policía, por ejemplo – no solo no garantiza la libertad de expresión sino que reprime y penaliza la protesta ciudadana como un delito.

Para muestra, dos botones. El pasado mes de marzo fue capturada Milena Quiroz, vocera de la Comisión de Interlocución del Sur de Bolívar, centro y sur del César, acusada por la Fiscalía de Cartagena de organizar marchas “de alta peligrosidad al orden del Estado”. Huber Ballesteros fue capturado cuando encabezaba el paro agrario en 2013.

Estos casos son ejemplos, entre muchos, del tratamiento represivo que recibe la protesta ciudadana en Colombia, no obstante su definición oficial como un “Estado Social de Derecho” y su autoproclamación como una democracia en proceso de “apertura política”. Lo más grave es el hecho de que la Fiscalía trate una y otra vez de asociar las actividades de protesta social con las acciones de la insurgencia, y de este modo vincule la protesta ciudadana con los delitos de rebelión, terrorismo y concierto para delinquir.

Cada vez hay más protestas 
¿Es el ESMAD la fuerza que debería “controlar”
la protesta social en el posconflicto?
Foto: Policía Nacional de los Colombianos
Pero a pesar del control y de la estigmatización – legal e ilegal –, la protesta social en Colombia aumenta de manera progresiva. Su capacidad no debe medirse tanto por el número de participantes en las marchas o eventos en las calles -que suelen ser muy cambiantes- sino por su grado de influencia sobre los asuntos públicos del país.

Para empezar menciono algunas de las movilizaciones más importantes del pasado cercano:

 * La década que estamos viviendo comenzó con dos de las convergencias de movimientos sociales de izquierda más importantes de los últimos años - el Congreso de los Pueblos y la Marcha Patriótica- que recogieron el legado de una larguísima historia de protestas, y lanzaron sus propuestas en medio de sendas movilizaciones. En el año 2010 estos dos movimientos lograron la unión de numerosos organizaciones campesinas, indígenas, afro, estudiantiles, de mujeres, ambientalistas y urbanas de todo el país.

 * Las banderas principales de estos movimientos han girado alrededor del derecho a la tierra y la reforma agraria, la defensa de la riqueza natural, la solución política del conflicto armado, la reparación integral de las víctimas, y la soberanía popular.

 * En 2011 y 2012 tuvimos el paro nacional universitario y las masivas movilizaciones de estudiantiles encabezadas por la MANE, que contaron con el apoyo de los rectores de las universidades públicas y de las familias colombianas, y que lograron tumbar el proyecto de contrarreforma de la ley 30 que había sido presentado por el gobierno nacional y que buscaba privatizar la educación superior pública.

 * En 2013 la Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos y otras organizaciones conformaron la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular. La Cumbre Agraria, como se denominó este movimiento, convocó en 2014 el famoso paro agrario (que paralizó al país aunque a juicio del presidente Santos no existió).

 * El paro reclamaba mayor atención a la crisis del campo colombiano, lo cual obligó al gobierno a expedir el decreto 870 de 2014 para formalizar una mesa única de interlocución con las organizaciones de la Cumbre Agraria, y lo obligó además a destinar 250 mil millones de pesos mediante una línea especial con el Fondo de Fomento Agropecuario, para el fomento de la economía campesina, indígena y afro.

 * Pero no todas las protestas son convocadas por la oposición de izquierda. En 2014 el turno fue para los sectores influenciados por el uribismo, que convocaron marchas en las principales ciudades para protestar contra la “entrega del país” que el gobierno le estaba haciendo a las FARC. Estos sectores han sido muy activos y constantes, y aun cuando alguno de sus métodos sean muy discutibles (por ejemplo su idea de “resistencia civil”), no cabe duda de que han tenido una influencia decisiva, como ocurrió con el triunfo del “no” en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 y con su oposición constante al desarrollo normativo de los acuerdos de paz en el Congreso.

 * Más recientemente, a mediados de 2016, los trasportadores lograron paralizar el país. Su protesta, que incluyó bloqueos de las principales vías del país, buscaba que el Estado controlara la sobreoferta de vehículos de carga, y bajara los costos sobre todo en los peajes y los combustibles, además de algunos programas sociales para los conductores y mayor seguridad en las vías.

 * En marzo del presente año, y gracias a las protestas de años atrás, se llevó a cabo una consulta popular que les dio la posibilidad a los habitantes de Cajamarca para rechazar la actividad minera en su municipio. Y en esto no están solos: en otros seis municipios de cinco departamentos, los ciudadanos votaron o se aprestan a votar contra proyectos auríferos, petroleros o hidroeléctricos que habían sido aprobados por el gobierno nacional.

 * No por menos conocidas debo dejar de mencionar las acciones de protesta de los artistas y trabajadores de circo que hace poco reclamaron una jornada de trabajo (sin precedentes en nuestra legislación), la baja en los impuestos a su actividad y mayor apoyo del Estado a su forma de subsistencia.

 * Por otra parte, los habitantes del Chocó convocaron a un paro cívico por los incumplimientos del gobierno a los acuerdos que había suscrito en 2016 y en relación con distintos asuntos (vías, salud, educación y cultura, autonomía administrativa del departamento, derecho al trabajo, servicios públicos, entre otros).

 * También en Buenaventura, los sindicatos, los gremios empresariales y la ciudadanía en general se han declarado en paro por las “promesas inconclusas” y el abandono del Estado que tiene sumido al puerto en la pobreza, la corrupción y la violencia.

 * Los taxistas que protestan contra Uber, los trabajadores del Estado y funcionarios de la rama judicial que reclaman reajustes atrasados…. Y la protesta más importante de los últimos días ha corrido por cuenta de los educadores liderados por Fecode, que reclaman por incumplimientos del gobierno al pliego presentado el año paso en protestas similares a las de este año. 

Razones y nuevo clima
Marchas en apoyo al Paro Agrario. 
Foto: Alcaldía Mayor de Bogotá


Al estudiar las razones de esas distintas protestas ciudadanas se encuentran dos motivos invariables: por una parte la incapacidad del Estado para garantizar los derechos fundamentales de la población, y por otra parte los incumplimientos de acuerdos hechos en el pasado con los mismos sectores que hoy protestan. Hechos estos que develan la realidad de un país desigual y excluyente en alto grado, donde las élites y el Estado oscilan entre la represión, el cuentagotas y el engaño.

Pero las cosas pueden cambiar de tono. El Acuerdo Final para la terminación del conflicto con las FARC establece garantías adicionales para la protesta social y para la oposición política. Y por su parte el literal c del punto 2 del acuerdo de diálogos entre el gobierno y ELN alude a las garantías para la manifestación pública y al tratamiento de los sindicados o condenados por actos en desarrollo de la movilización social.

Todavía más importante: la solución política del conflicto armado evitará en lo sucesivo las fáciles asociaciones entre protesta social y acciones guerrilleras o terroristas que hacen los funcionarios del gobierno y los medios masivos de comunicación.

La protesta es saludable


Las sociedades son como el cuerpo humano, están compuestas por diversos órganos, que cumplen diferentes funciones, que tejen una inmensa red de conexiones vitales y que integran un sistema hipercomplejo donde las partes dependen del todo y el todo de las partes. Cuando un virus – la corrupción, por ejemplo – ataca alguno de estos órganos sus funciones son alteradas, y si la enfermedad avanza pueden afectarse otros órganos, la organización y el funcionamiento general del sistema, e incluso puede comprometerse la vida del organismo.

Ante cualquier amenaza externa los organismos vivos entran en alerta y activan sus mecanismos de defensa – o de protesta podríamos decir-. Si las amenazas son débiles los anticuerpos pueden repeler rápidamente un ataque y la enfermedad no durará muchos días, pero si las amenazas son intensas se desatarán épicas luchas microscópicas que pueden extenderse por todo el cuerpo y por largos periodos de tiempo.

La protesta social es a la sociedad como los anticuerpos al cuerpo humano: un mecanismo de defensa de la vida. Muchas veces la enfermedad es tan grave que el cuerpo no puede enfrentarla y muere, pero el cuerpo hará todo lo necesario para resistir y preservar la vida hasta el último aliento.

Las protestas ciudadanas son la principal forma de expresión y denuncia de los grupos sociales que no cuentan con los recursos de poder político, económico y mediático para incidir sobre los asuntos públicos y sobre la toma de decisiones que los afectan.

En países como Finlandia, Holanda o Noruega la protesta ciudadana, como una forma de la libertad de expresión, junto con la libertad de prensa, constituye un derecho fundamental y cuenta con plenas garantías constitucionales, pero además es un valor cultural cultivado y estimulado por la familia, la escuela y las organizaciones sociales, en el interés de establecer límites y control a la gestión pública y de garantizar los derechos democráticos. Podemos concluir diciendo que la protesta social es sinónimo de cordura y buena salud en una sociedad moderna.

* Politólogo y docente de la Universidad Nacional.

@Boris_Duarte